¡Vete a la cámara!

Un cuento a modo

Mientras se desarrollaba la última sesión del primer período ordinario de sesiones en la cámara de senadores, en los corrillos que se desarrollan en cada pasillo del enorme recinto, se escuchaban unos a otros, pero sin dejarse hablar. La voz estridente de un senador norteño se alza sobre las demás. Ya se habla de la reforma energética desde el año pasado. Muchos de los ahí presentes están pensando en la forma en la que van a encarar una oposición férrea que viene desde todos los ángulos. Pero eso no se comenta. Lo importante es otra cosa.

— Como saben compañeros… — decía con su muy particular tono de voz nuestro norteño representante — se acercan tiempos donde tendremos que tomar decisiones muy importantes. En algún momento del próximo período ordinario de sesiones llegará a nosotros la reforma de reformas. La misma que el gobierno pasado no pudo hacer y que, gracias a los cambios en los estatutos de nuestro partido podremos llevar a cabo.–

Un pequeño silencio entre el murmullo general se alcanzó a percibir mientras los senadores se acomodaban las corbatas. Algunos tragaron casi imperceptiblemente algo de saliva. Sabían que era una buena forma de obtener recursos y hacer buenos negocios. Por supuesto que faltaban algunas horas para que la sesión se reanudara y, por ello, no tardó en alzar la voz un senador que viene de alguno de los estados del sur.

— Compañeros, dada la importancia del tema que vamos a abordar, les sugiero que vayamos a algún lugar más tranquilo y sin tantas orejas opositoras por aquí. —

— Bien, muy bien compañero. Bien pensado. — Dijo otro de los senadores que representa a uno de los estados del centro. — Es un tema demasiado importante como para dejar que cualquier cualquiera venga a enterarse de asuntos tan importantes como éste. Ellos que se dediquen a las plantas, a las flores, a los animalitos, ahí es donde se sienten muy a gusto. Nosotros tenemos que hacer los cambios que la nación se merece… —

No pudo ser más obvia la sonrisa socarrona. Pero no le importó, pues otras se le unieron casi al tiempo. Algún senador con problemas de obesidad no se contuvo y soltó una carcajada que se escuchó hasta el otro lado del salón. Pero a nadie pareció importarle. Cada quien siguió su platica. Por supuesto que los demás no se esperaron demasiado y comenzaron a reír con más fuerza. Lo que nadie supo es de qué se reían.

Dos minutos más tarde, todos tomaban rumbo a la avenida Reforma, hacia el Ángel de la Independencia. Conocían de sobra varios lugares donde podrían estar sin que nadie los molestara. Incluso a las 2 de la tarde, cuando el movimiento de varios cientos de trabajadores de muchas empresas y dependencias, que están muy cercanas al recinto, se comienza a ver. La hora de la comida ha llegado. Ellos están convocados a las cinco para reanudar la sesión. Eso les da margen para hablar sin prisas y ponerse de acuerdo.

— Muy bien ¿quién quiere un buen whiskito? — Las manos se alzaron de inmediato excepto una, la del orador. No porque no quisiera uno, sino que ya había pedido uno para él y, como juego de la niñez, los demás compañeros. — Pues bien, en lo que llegan las bebidas tenemos que poner énfasis en los planes que tenemos para nuestros estados.

— Yo tengo algo que decir…– Dijo un senador que no representa a ningún estado. — Creo que podemos comenzar a decidir qué tipo de negocios queremos. Tendremos en nuestras manos la posibilidad de generar grandes negocios para nosotros y los nuestros. Tal vez podamos comprar, aquí entre todos, una plataforma petrolera en las costas del estado en el que vivo. Hay tantas que nadie se va a dar cuenta.

Los aplausos no se hicieron esperar. Algunos hasta se pusieron de pie. Las muestras de aceptación que se daban unos a otros con una mueca y moviendo la cabeza de arriba a abajo fueron muchas y se repetían cada vez que se miraban.

— Es una buena propuesta compañero, pero me temo que la reforma energética no vendrá por ese lado. ¿Alguien más quiere participar? — Dijo el orador principal.

— Pues… — Dijo otro senador que tampoco representa a ningún estado, pero es orgullosamente originario de un estado del sureste. — Compañero, le propongo que sea tan amable en decirnos, si es que ya lo sabe, cómo es que viene la reforma, porque sino, terminaremos aquí sacando un montón de ideas que no tendrán asidero en la realidad. Le pido, pues, tenga a bien iluminarnos acerca de la reforma y que, gracias a su cercanía con el señor presidente de la república, puede tener una visión más correcta del papel que podemos jugar gracias a nuestro esfuerzo por aprobar la iniciativa.

No es lo normal. Casi siempre se deja a la imaginación y la lluvia de ideas para que los cambios a la reforma se hagan con más énfasis a los intereses de los legisladores. Así que el principal orador, a la sazón el coordinador de los senadores del partido mayoritario, se dispuso a tomar la palabra y acomodándose la corbata de seda italiana que se compró en Europa, en uno de los muchos descansos que tenía en su agenda de la gira de trabajo que le propuso al senado inmediatamente después de tomar posesión del cargo, dijo:

— Como es de todos sabido, mi relación con el señor presidente de la república y su muy cercano colaborador, el secretario, tengo a bien decirles que la reforma podrá ser encausada de la mejor forma posible. Es decir, siempre estarán muy cubiertos nuestros intereses y los de las mejores corporaciones petroleras del mundo…–

Todos aplaudieron y callaron de inmediato para que el orador continuara.

— Me comentan ambos que, sin lugar a dudas, la reforma tendrá matices muy claros… — Frase que hizo a varios acomodarse en el asiento e hizo que la única mujer que acompañaba al grupo se pusiera de pie.

— ¿Eso quiere decir quééé…?

— ¡Muy bien compañera! Una excelente pregunta. Pues mire usted, con todo respeto, eso quiere decir que podemos encontrar algún recoveco en la propia ley que nos permita hacer algún buen negocio como lo propuso el aquí presente que me antecedió en el uso de la palabra pero, siempre hay uno, tendremos que hacerlo por medio de terceros…

Nadie nunca supo cómo es que matices muy claros significa hacer negocios propios por la vía de terceros, pero así se dijo. Como siempre, hay alguien que no opina mucho, solo cuando es preciso. Normalmente nadie lo pela y estaba atento en el fondo de la mesa y solo moviendo el vaso de whiskey en las rocas de aquí para allá sin haberle dado un sorbo. Mientras el coordinador seguía hablando.

— Se abrirán rondas de licitaciones uno o dos meses después de la aprobación de la reforma y, en ese momento, ya podemos tener una lista de los participantes. Lo único que nos pide el señor presidente, avalado por el secretario, es tener la plata para comprar. Claro que el banco de fomento está muy dispuesto a otorgarnos los créditos que sean necesarios. Todo por el bien del país…

Justo después de haber escuchado esto, el más callado toma la palabra y, sin levantarse de su asiento y con un carraspeo bastante fuerte se hace notar.

— Me parece muy bien queridos compañeros… — Dice con voz pausada. — Me parece muy bien que queramos asegurar el futuro de nuestros hijos y de nuestras familias, pero, me surge una duda y quiero compartir con ustedes mi preocupación. ¿No estamos cometiendo un delito al quitar el petróleo que es de la nación para ponerlo en manos de extranjeros, así como decían nuestros estatutos antes del cambio?–

Así, al unísono todos alzaron la voz. Algunos se pusieron de pie, otros con grandes gestos de desaprobación se hundieron en sus vasos. Algunos más soltaron un suspiro y movieron la cabeza de un lado al otro. Simplemente el coordinador dijo:

— ¿Por qué no mejor te vas a la cámara?

— Si, anda, ve a la cámara…

— Ve a la cámara, ya luego te contamos…

Y así, ya no supe nada más de la reunión donde un montón de senadores querían repartirse el pastel. Y todo por decir que no estaba de acuerdo que se vendiera el petróleo a otro país. Ya no me dejaron terminar y decirles que si ya estábamos haciendo buenos negocios ¿para qué vender?

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