Transparencia sin rendición de cuentas, una pantomima

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Para que la transparencia funcione debe venir acompañada, necesariamente, de una explicación clara, suficiente y convincente acerca del porqué se hizo tal o cual compra, justamente eso se denomina rendición de cuentas. De otra forma, de nada sirve que sepamos, con todos los documentos necesarios para probarlo, que se realizó una compra, se contrató a una empresa, se licitó una obra, se arreglaron banquetas y un largo etcétera si no tenemos el porqué de ello.

Justamente, la rendición de cuentas significa que los gobernantes deben dar razón a los ciudadanos del porqué de determinadas decisiones. Ejemplos bastan y sobran. Si un puente es el mejor remedio para evitar los congestionamientos viales en cierta zona de una ciudad. Trasladar un aeropuerto del punto A al punto B. Talar una cantidad determinada de árboles para aumentar el transporte público. Todas son decisiones que, además de transparentar los costos de las obras en cuestión, deben darse a conocer a los ciudadanos para que, en el caso de alguna oposición o que las razones no sean lo suficientemente claras o reales y antes de que cualquier cantidad de dinero sea gastado en el proyecto, puedan ser analizadas, discutidas y aprobadas por los ciudadanos. Al final de cuentas, las obras hechas por el gobierno deben ser para beneficio de los ciudadanos, de otra forma, no importan.

Hay, siempre habrá, obras que por sus mismas características, no habrá que dar explicaciones, pues están incluso de más. A nadie se le ocurriría plantear que es un problema que se tapen todos los baches de una colonia o de una calle. Lo mismo puede pasar con la reparación de una fuga de agua o el desrramado de un árbol que puede terminar hiriendo, o algo peor, a un transeúnte. Por supuesto, siempre y cuando el tapar el bache, reparar la fuga o desrramar el árbol no signifiquen un gasto excesivo, en ese caso habrá que dar una explicación.

Incluso para los ejemplos anteriores, sean grandes obras o pequeñas, se debe conocer el costo de cada una, si este es excesivo o incluso demasiado bajo, los gobernantes deben darlo a conocer para que la rendición de cuentas sea una realidad. Existen catálogos de precios que manejan las dependencias a la hora de contratar las obras. Muchas veces estos catálogos son resguardados como secretos de estado. Pareciera obvio tanto secreto, pues se puede aducir que cualquiera puede tener el precio correcto de un servicio o de una obra y así ganar la licitación, pero no lo es. Los ciudadanos debemos conocer cuánto está dispuesto a pagar el gobierno por un poste, un bote de pintura, los fantasmas que dividen los carriles vehiculares, los tornillos, el cemento, los picos y las palas, las escobas de los barrenderos, en fin, todo aquello que se requiere para el buen funcionamiento de un gobierno cualquiera.

Así, nos hemos ido enterando que el gobierno mexicano, por vía de la secretaría de la defensa nacional ha comprado equipo bélico a los Estados Unidos. La nada despreciable cantidad de 98 millones de dólares serán ocupados para comprar, entre otras cosas, misiles de superficie RGM-84L Harpoon Block II, misiles tácticos Block II RAM y torpedos ligeros MK 54 Mod 0. Es decir, un país en época de paz compra misiles y torpedos. Seguramente el argumento para comprar tales artefactos es la guerra contra el narcotráfico, que a resumidas cuentas debemos preguntarnos la clase de poder con el que cuenta para que el propio gobierno deba comprar torpedos.

Dejando de lado que las labores del ejército en tiempos de paz se reducen a estar en el cuartel hasta en tanto no exista una contingencia en la que deba participar para labores humanitarias. Por más que digan y se cansen de decir que es necesario tener al ejército en las calles combatiendo al crimen organizado, el ejército no está capacitado para ello. Dejando también de lado, que la ley de seguridad interior no es, supuestamente, una declaración de guerra contra los propios ciudadanos. Haciendo caso omiso que nos encontramos en tiempos de paz es necesario hacer la pregunta al propio gobierno mexicano acerca de porqué compró ese material bélico en tiempos de paz.

Por otro lado, también el gobierno nos debe una explicación plausible acerca del porqué el presupuesto militar a crecido de manera exponencial desde 2012. No es suficiente que digan que la guerra contra las drogas ha exigido un uso cada vez mayor de las fuerzas armadas, pues es de todos sabido que la estrategia no solo ha fracasado rotundamente, también ha dejado a su paso una estela de destrucción del tejido social y que costará mucho tiempo tratar de reconstruir. Aun así, no se ha escuchado por parte del gobierno explicación alguna de aquella escalada en el presupuesto militar. Según Estudios para la Paz, con sede en Estocolmo, Suecia, el gasto militar de importaciones de armamento ha crecido 184 por ciento desde 2012 y hasta 2016. Prefieren sortear el vendaval inicial, hacer como que nada pasa y esperar a que otro escándalo acalle el anterior sin rendir jamás cuentas de lo sucedido.

Han sido demasiados escándalos, demasiadas las afrentas, muchos los casos en los que no hemos tenido ni una sola explicación como para dejar que siga pasando. La rendición de cuentas debe obligar a los gobernantes a explicar claramente el porqué de sus actos, aunque, claro está, no podemos seguir soportando que las explicaciones sean chantajes. Dichos como: si esto no se hace hoy, el futuro del país estará comprometido… el aumento en los combustibles será por el bien de nuestros hijos… la reforma energética traerá cientos de miles de nuevos empleos bien pagados, en los próximos años (sin decir si los próximos años son cien o mil)… y toda la sarta de retahílas con las que los gobiernos hacen la pantomima de rendición de cuentas.

Quedará en cada uno de nosotros, los ciudadanos, que la rendición de cuentas sea una moneda de cambio a la hora de evaluar a un gobierno. No basta con proponer que se puedan o no reelegir los gobernantes y así calificar su gestión, pues durante su gobierno se pueden hacer grandes negocios al amparo del poder y no tendríamos armas para destituirlos o bloquear las obras con las que pretenden hacer su agosto. Basta ya de discursos huecos y promesas no cumplidas. Debemos propiciar una rendición de cuentas que no termine en una rendición de cuentos si aspiramos a que esto cambie definitivamente.

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