Tragicomedia zacatecana

Sin duda Ricardo Monreal es el constructor de su propia tragedia política, atrapado en la disyuntiva de lanzarse por la libre como candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México o permanecer en Morena intentando revertir una decisión ya tomada, el delegado de la Cuauhtémoc recicla su pasado, aquél que da cuenta de su salida de las filas del partido tricolor:

“Nos vamos del PRI porque se obstina en marchar en sentido contrario de la historia y de los cambios de México y del mundo, nos vamos porque queremos y somos partidarios de la participación, la expresión democrática y el cambio (…). Nos vamos porque fuimos víctimas de traiciones y calumnias, en lugar de dar la cara y debatir de frente al electorado y a la sociedad zacatecana, que está deseosa de que se le tome en cuenta y participar en las decisiones que se tomen. Los convoco a la unidad, a poner por sobre los intereses de grupo o partido el interés general”, estas fueron las palabras del político zacatecano publicadas por el periódico Reforma aquel jueves 5 de febrero de 1998, al renunciar al PRI para buscar la candidatura al gobierno de Zacatecas.

Jugando al futurismo con el pasado éstas podrían ser las palabras de Monreal Avila al anunciar su ruptura con Morena:  “Convoco a lograr una verdadera candidatura de unidad, a construir un gobierno plural e incluyente, en el que todos nos veamos reflejados” (…) “Hoy se ha cerrado toda posibilidad en mi partido (…) y hoy les propongo: luchamos o nos disciplinamos”, de esta manera se dirigió a sus seguidores en  aquél entonces,  la respuesta de sus huestes hoy todos las sabemos: “luchamos”. Con ello sellaron el capítulo de su ruptura con el priísmo. Hoy a 19 años de distancia con un partido diferente la respuesta podría ser la misma.

Monreal exige un ejercicio sano de autocrítica el interior de Morena, pero se niega a reconocer que al interno del partido hoy cosecha lo que sembró. Cuando comenzó a publicitar sus intenciones de ser jefe de gobierno asumió una actitud soberbia y desdeñó a los liderazgos emergentes que podían hacerle sombra en el proceso de selección interna. Comentó, con cierta sorna, que ellos eran disciplinados y que sabrían aceptar su candidatura, por que la de él era la mejor propuesta de Morena para gobernar la ciudad.

Al no contar con el apoyo de muchos de esos liderazgos comenzó a pactar con sus adversarios políticos, en este pacto entraron lo mismo morenistas que perredistas, petistas, emecistas y hasta priístas. Lo único que le importaba era construir bases de apoyo a cualquier precio en todas las delegaciones. Sus seguidores se convirtieron en fieros detractores de todos aquellos que se oponían a las ambiciones del zacatecano.

Después de las elecciones a delegados en 2015, se levantó un movimiento de protesta por parte de los candidatos de Morena que denunciaron sendos fraudes y la intervención grotesca del gobierno de Miguel Ángel Mancera a favor de sus candidatos. El gran ausente en estas protestas fue nada más ni nada menos que Ricardo Monreal, quien por el contrario respondió con un inusual acercamiento y coqueteo político con el gobernante de la Ciudad. Esa afrenta se quedó guardada a buen resguardo entre las filas morenistas.

Al viejo estilo priísta, Mancera comenzó a estrangular administrativa y financieramente a las delegaciones gobernadas por Morena, menos a la que encabezada su nuevo aliado estratégico Ricardo Monreal. Cuando los delegados afectados cerraron filas para presionar y protestar por las políticas del gobierno de la ciudad nuevamente el gran ausente fue el político zacatecano, quien por el contrario ya cocinaba un fuerte golpe a sus colegas de partido al promover entre un grupo de diputados morenistas, afines a él, un pacto con el perredismo para quitarle recursos a  cuatro delegaciones morenistas para luego trasladarlos a las arcas de la Cuauhtémoc. Este incidente derivó en la sanción por parte de la Comisón Nacional de Garantías y Vigilancia de Morena a los diputados monrealistas.

Ante este escenario y con la soberbia de Monreal ondeando a toda asta, se sobrevino la desgracia zacatecana, la irrupción de Claudia Sheinbaum, quien hasta ese entonces se había mantenido de bajo perfil, movió por completo el escenario político, la investigadora y científica logró condensar de inmediato los anhelos de los morenistas de cobrarle la factura a Ricardo Monreal por todas sus afrentas. De inmediato se activaron una serie de redes silenciosas pero muy efectivas que promovieron a la delegada de Tlalpan como la mejor opción de la izquierda para gobernar la ciudad, intelectuales, académicos, artistas, periodistas, universitarios y miembros de la estructura de Morena pusieron en marcha un plan para reposicionar a la Doctora Sheinbaum quien estaba en esos momentos en el tercer lugar de las encuestas.

Una vez más Monreal desestimó el poder de esas redes que ya no eran tan silenciosas, más bien se transformaban en una bola de nieve imparable que terminó por aplastar las aspiraciones del zacatecano, hoy sus seguidores molestos no logran entender lo que pasó y recurren a la explicación que mejor consuelo brindan a su duelo político, “hubo opacidad, dedazo, falta de democracia” y claman por venganza política, exigen a su líder político la salida predecible, la candidatura independiente o la alianza con el PRD y PAN, lo que sea con tal de no quedarse con la derrota, el poder a cualquier precio al fin y al cabo.

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