Todo es emergencia

Vivimos en emergencia, pero, por supuesto, no podía faltar. El león cree que todos son de su condición. Piensan que si ellos lo hicieron, todos lo van a hacer. Sale a la luz que tres cuartas partes de los contratos entregados por este gobierno son por adjudicación directa. No faltan los despistados que aseguran, como siempre sin ningún sustento, que hay funcionarios nuevos que se enriquecen. Justo lo que se trata de evitar y que comentamos ayer, no se trata de haber cambiado de régimen y hacer un gato pardismo en el gobierno. Pero en algo tienen razón. En realidad si son muchos contratos entregados sin una licitación.

Por supuesto que el problema no es entregarlos así. El problema es que antes, simplemente, aunque se cumpliera con la ley o lo que fuera, el dinero siempre era insuficiente. Solo por citar unos casos. La biblioteca José Vasconcelos, tendría un costo y al final se duplicó. La estela de luz corrió el mismo camino. No se diga el paso exprés de Cuernavaca. Así podríamos seguir y seguir. Una disculpa, no doy las cifras porque no es el meollo del asunto, amén de que todos las sabemos. Pues bien, todos esos proyectos cumplieron con la legalidad y fueron licitados. Todos. Y todos violaron la ley. Todos.

En la ley de adquisiciones está perfectamente establecido el monto máximo y mínimo que deben tener las obras para su conclusión. Si una obra cuesta más de lo que se proyectó, solo lo puede hacer dentro de ciertos límites ya establecidos en el contrato. Por supuesto sea directo o en licitación, los contratos se deben cumplir. Cosa que, desde luego, no pasa. Mejor dicho, no pasaba. En realidad, el costo máximo y mínimo debe ser del tres por ciento. Ninguna de las obras desde hace cuarenta años ha cumplido esa ley.

La hicieron por adjudicación directa
Y en esto se gastaron mi dinero

El problema de entregar los contratos de forma directa es que no se conocen las cláusulas del contrato o si hubo favoritismo para la empresa que terminó haciendo la obra o entregado los bienes o servicios. Ya tratamos algo de esto hace no mucho. El compadrazgo y el amiguismo fueron la constante durante cuarenta años y parecía que íbamos en el mismo camino. Un compadre del presidente, curiosamente ganó un contrato, ese sí fue por la vía de la licitación y, para evitar especulaciones ambas partes, gobierno y empresa, decidieron no seguir adelante.

Ahora bien. Las adjudicaciones directas son permitidas por la ley, también, claro está, bajo ciertas condiciones. Una de ellas es la emergencia. En caso de que lo que necesite contratar el gobierno sea para cubrir una necesidad que, de otra forma tomaría demasiado tiempo, se permite adjudicar a una empresa ese contrato. La cuestión aquí es, como dice el título, ¡todo es emergencia! Y todo es todo.

Se robaron, durante cuarenta años lo que quisieron. Los préstamos internacionales solo servían para tapar los huecos que dejaba el robo y la corrupción descarada. Así, podemos advertir que el monto de lo que se robaron equivale al presupuesto de un año, es decir, cinco millones de millones de pesos, tan solo en el sexenio pasado. El mismo monto en el que creció la deuda eterna y externa.

Hay una buena. Este gobierno, quiere volver a generar su propia infraestructura para depender cada vez menos de los contratos con privados para realizar cualquier obra. El gobierno mínimo neoliberal está tocando fondo. Sucede que para avanzar hay que retroceder y volver al esquema que teníamos antes, con los asegunes del caso. Por lo pronto hoy, como todo es emergencia, tendremos muchos más contratos por adjudicación directa. Aquí lo importante es tomar las precauciones debidas, es decir, vigilar que el gasto se lleve correctamente y que las obras se hagan. No como antes, que las obras se dejaban a medias o no se hacían y, si las llegaban a terminar, eran una basura, como la Biblioteca, la estela de luz o el paso exprés.

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