Temporada de zopilotes

Muy fieles a su forma de pensar, donde el cambio es inconcebible, pero es peor el que ellos, o al menos uno de los suyos, no esté al frente de un gobierno, el que sea, es motivo para decir, casi gritar, que todo está mal.

Al verse desplazados del poder, donde hacían y deshacían a su gusto, les hace perder el rumbo. Nada puede estar bien si ellos no son los beneficiarios directos de todo cuanto el gobierno hace.

Hoy piden que se cancelen obras para que esos recursos se vayan a sus arcas. Ellos no pueden, no deben, ni quieren poner un peso de sus bolsas para paliar una situación a todas luces extraordinaria.

Durante cuatro décadas se dedicaron a derrumbar a los gobiernos, el estado mínimo era su mantra. Pero eso sí, siempre acudieron muy felices a los rescates con el dinero de todos y los gobiernos, sus gobiernos, felizmente se los dieron.

Otros zopilotes, en cambio, se dedican todos los días a ver lo malo. Lo malo es que si no lo ven lo inventan y eso sale a relucir más temprano que tarde. Los ejemplos bastan y sobran. Hablan, dicen y perogrullan con facilidad, pero también mienten, calumnian y acusan y al verse descubiertos se hacen las víctimas.

Hay otros que no entienden que el cambio ya se dio. Creen que ver por las personas es un retroceso y no un avance. De hecho es uno de los avances más grandes de la humanidad, pues el dinero no mueve al mundo, lo hacen las personas y sin ellas no habrá mundo posible.

Los zopilotes no quieren ver, porque los ciega el hecho de no poder ver las cosas de diferente forma. Siguen metidos en la lógica de un presidencialismo exacerbado y con el dinero por delante. Los que antes eran buenos analistas, hoy son solo una sombra de lo que fueron y cada día se pierden más. No saben ni quieren saber que el tiempo es otro.


Imagen: sinlinea.com.mx

Lo peor es que hoy quieren ver sangre, desmanes, muerte. Son zopilotes que buscan que lo malo sea lo que pase. Buscar proyecciones de todo lo terrible que puede pasar es solo el resultado de una mente conservadora que vive del miedo y de no haberlo, lo inventa.

Todos estos zopilotes vuelan hoy sobre nuestras cabezas en espera de que terminemos tirados en las calles, sea muertos o pidiendo limosna, para poder decir se los dije. Para ellos el fracaso se ve, se siente, no porque lo sea, sino porque la urgencia de volver les obnubila.

Ya los hemos visto regodearse ante las noticias falsas como si fueran verdad. También vemos que son incapaces de tener un mínimo de solidaridad.

De no ser un desastre de proporciones bíblicas, así como lo pintó la canciller alemana, nada es real. Absurdos escenarios que solo abonan a la histeria colectiva son sus armas preferidas.

Eso sí, igual que las aves de rapiña en las que se ven bien representados, se aferran al cadáver aunque este nunca haya existido. 

Que se queden solos. Que nadie los vea. Que nadie los oiga. Que nadie se dedique a desmentirlos. Claro que no importa que mientan, siempre lo hacen. Jugamos hoy al gato y al ratón y nosotros somos los ratones que solo nos dedicamos a cazar sus mentiras. Tal vez, solo tal vez, es tiempo de decir solo lo bueno que pasa, criticar cuando es debido, solidarizarnos con nosotros mismos. Decirle al mundo que nuestro gobierno es nuestro y de nadie más.

 

 

Foto: anuka-capulet-marsella.blogspot.com

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