Si y no

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Parece ser, al menos todo indica ello, que en México se puede hablar y tocar casi cualquier tema sin que nada pase o sin que sea más que un escándalo pasajero. Se puede hablar de los malos resultados de un gobierno. Se discute abiertamente de las políticas públicas y sus nulos resultados o buenos. Se abren y cierran debates acerca del uso del agua. Se imprimen folletos y se llama a participar del cuidado de los animales. Se generan foros acerca de los derechos humanos y de los derechos digitales. Se cuida al medio ambiente con leyes y castigos. Se ilumina a los menos doctos en temas de migración, consumo de drogas, deserción escolar, redes sociales, turismo, pesca, agricultura, comunidades, tribus urbanas, pueblos originarios y un buen número más de temas. Todos ellos importantes y necesarios sin duda.

Pero llegamos a un tope donde no se puede seguir explorando, haciendo llamados o educando a las personas. Por ejemplo, el cuidado del medio ambiente casi siempre choca con la minería o la construcción de presas. El cuidado del agua llega hasta que se trata de privatizar, además de ser una maniobra tramposa, pues existe el derecho humano al agua, pero no a las tuberías que son las que se privatizan. El cuidado de los animales, topa con pared hasta que los empresarios del ramo deciden hacer caso omiso de las protestas, por ejemplo en los toros. El consumo de drogas y sus implicaciones en la salud de los ciudadanos llega hasta el punto en que el negocio es más rentable que cualquier otra actividad, de otra forma la guerra sería verdad si en los hechos las drogas hubiesen aumentado sustancialmente su valor de diez años a la fecha.

Todos esos peros tienen un hilo en común, el dinero. Justo en ese punto es cuando ya no se puede tocar ningún tema por más trascendente o criminal o importante sea. Esto a colación de que en los últimos días se habla consistentemente del aeropuerto que se construye en una zona de humedales mejor conocida como lago de Texcoco, lo que queda. La revisión propuesta de los contratos trajo una andanada de comentarios y quejas al respecto, haciendo alusión a la integridad del estado mexicano, a la pérdida masiva de empleos y hasta de la mala fama internacional que nos aguarda si llega a ocurrir la terrible catástrofe de liquidar la mega obra. Todo sin que hasta el momento nos digan cómo es que han llegado a ciertas cifras o cantidades.

No hay forma de saber, pues, cómo es que se han firmado los contratos y se han hecho las licitaciones correspondientes, parece ser que la rendición de cuentas es como aquella moral que es un árbol que da moras. No nos han dicho quiénes y por qué han sido invitados a construir, por ejemplo, una barda y mucho menos nos han dicho por qué el ejército puede construirla, qué conocimientos tiene de ello y si es mejor que una empresa constructora. Tampoco ha quedado claro el porqué del retraso en la construcción del proyecto y mucho menos porqué han aumentado significativamente los costos. Todo ello parte de lo que un gobierno debe y está obligado a comunicar a sus ciudadanos y no solo a hacer cuentas alegres.

Pero no podemos bajar la guardia y quedarnos incólumes ante lo que podría representar dos cosas, un gran acierto o un gran error. Utilicemos entonces las herramientas que la propia democracia nos brinda. La transparencia, por principio de cuentas, es el arma que tenemos los ciudadanos para comenzar a dilucidar los aspectos oscuros que yacen detrás de la nueva terminal aérea. No nos dejemos llevar por lo que otros dicen y hagamos uso de nuestro poder, pues debemos conocer hasta el costo de cada uno de los tornillos para que no nos sorprendan, después, con un negocio más a costa de los impuestos que todos pagamos. Está en nosotros que se pueda hablar de cualquier tema, incluso del dinero y la forma en la que se gasta por parte del gobierno.

@FilipoOcadiz

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