Rescatame

Con nada más que con una absoluta falta de solidaridad, los empresarios, sobretodo los más grandes, lloran porque no habrá más rescates. Durante más de cuatro décadas la constante siempre fue rescatar a los de arriba y los de abajo siempre nos tuvimos que apretar el cinturón.

La pregunta que quedaba siempre en el ambiente era: ¿y nosotros cuándo?, al pueblo, a la gente, a los que vivimos al día cuándo nos van a condonar impuestos, cuándo nos devolverán el IVA, el ISR y podremos deducir impuestos.

Nunca, hubiera sido la respuesta al dilema. Al capital, a los dueños del dinero nunca les interesemos. Ellos siguen, en el resto del mundo, recibiendo canonjías. Viviendo eso sí, de los impuestos de todos los demás.

El mundo en el que solo los de arriba recibían todo, se está acabando y eso les duele. Aliados con todo lo que construyeron, pues todo se volvió negocio, hoy quieren hacer que los gobiernos que no les son afines actúen de la misma forma como lo hicieron los demás.

¡Basta! La definición de la locura es intentar hacer lo mismo esperando resultados distintos. Hoy vemos, es palpable, que dar a los de arriba es bueno, para ellos. Los demás siempre los tenemos que cargar. Nosotros siempre nos tuvimos que aguantar, mientras ellos siguen recibiendo nuestro dinero, como es el caso del FOBAPROA.

No es malo ser rico y no todo el que tiene es malo. Lo malo es querer quitar al Estado sus responsabilidades, privatizar todo y pretender que, ante el primer problema, el Estado cargue con todos lo gastos.

Lo primero que hay que entender en el nuevo escenario global, es que no funcionó ver por los de arriba, la economía se la pasó en crisis, el efecto dragón, el tequila, la crisis de 2008, todo porque unos pocos quieren todo, lo han logrado y, los demás con casi nada.

Sabemos que el uno por ciento de los más ricos poseen más del 50 por ciento del dinero, que no la riqueza, del mundo. Sabemos que para que unos pocos tengan mucho, muchos deben tener muy poco o nada.

Además, para tenernos distraídos nos inventan guerras, deportes y cuanta cosa pueden para que olvidemos que, al menos en nuestro país, más de la mitad vivimos al día y apenas, hasta hoy, tendremos seguridad social.

En los países más desarrollados, es decir, los más neoliberales, lo primero que colapsó ante la crisis de salud, fueron precisamente los hospitales y servicios médicos. Se explica muy fácil, al privatizar la salud se convirtió en negocio y todo se encareció dejando, como siempre, a los más vulnerables fuera.

Parecen no entender, no lo quieren. Se acabó, se votó por un cambio de rumbo y se está dando. Los créditos y los rescates están dirigidos a quienes realmente lo necesitan. Es lo justo.

En México, las micro y pequeñas empresas cargan con la mayoría de los empleos, las grandes empresas no. Quienes más tienen más deben poner. Ese siempre fue el reclamo de los ocupas que después de 2008 comenzaron a surgir.

Así que, ni modo. Quien no quiere pagar impuestos, que no lo haga y que se atenga a las consecuencias. 

No vengan con el petate del muerto a decir lo que siempre ha pasado, pues en otras crisis también se perdieron miles o millones de empleos, ellos recibieron condonaciones y otros tantos regalos de parte de los gobiernos que les hacían el caldo gordo y, de todas formas se perdieron empleos que nunca se recuperaron.

Basta, pues, que siga el mismo camino de siempre. Para muchos será incompresible, seguro, porque nacieron pensando que al mundo lo mueve el dinero, aunque sin nadie que lo gaste,no hay dinero y no hay mundo.

 

 

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