Requiem por las abejas

¿Ficción?

En una pequeña sala de juntas, en algún lugar de Estados Unidos. Un grupo de personas, todas con trajes de diseñador, zapatos costosos, perfumes europeos y otras tantas cosas extrañas, están reunidas para hablar sobre el futuro de la empresa.

Uno de los hombres, que por supuesto está sentado en la cabecera, es el primero en tomar la palabra.

  • Muy bien señores, nuestra gran compañía, la toda poderosa Monsanto, ya es dueña del primer ser vivo de la historia. Hemos conseguido que el método inventado por nosotros y gracias al cual podemos insertar genes de otra especie en una planta, sea patentado. A partir de ahora nadie, absolutamente nadie, podrá utilizar nuestro invento sin tener que pagar cada centavo a nuestra empresa.

Las caras de aprobación a lo expuesto fueron obvias entre los ahí presentes. Aquel hombre que, poco más allá de la mediana edad, tenía el control absoluto de la situación, continuó.

  • Eso quiere decir que las ganancias para este trimestre y los siguientes veinte años serán enormes.

Lo dijo sin mucho aspaviento. Aunque se notó que abrió de más los ojos.

  • Sin embargo, aún hay algo que debemos resolver. Si bien las demandas por nuestro herbicida estrella se hacen cada vez más cuantiosas y, aunque se compensarán más que bien con esta nueva tecnología, es necesario apuntar más allá. No solo hemos de desarrollar plantas capaces de soportar los rigores de nuestro herbicida. No solo debemos desarrollar organismos capaces de tolerar las condiciones más extremas. No nada más podemos desarrollar tallos o flores o semillas más grandes y que produzcan más, claro, esa producción es nuestra y deberán pagarla.

Se hace un largo silencio. Algunos se comienzan a mover en sus sillas de cuero italiano grabadas con sus nombres. Otros hacen pequeños estiramientos. Todo muy pausado y calmado para que el orador principal no sea interrumpido por algún ruido extraño y se distraiga en medio del gran discurso.

  • He decidido y gracias a los estudios que nos han proporcionado nuestros investigadores, que debemos acabar con las abejas.

Apenas se movió un músculo de su cara mientras decía esto. Uno de los presentes si puso cara de asombro. De inmediato fue notado por el orador.

  • Si, lo sé. Es bien sabido que varios de nuestros productos herbicidas matan a muchas abejas. Eso, claro está, nos conviene. Las abejas pueden llevar el polen de nuestros productos a otros lugares y podrían terminar teniendo semillas modificadas sin pagar por ello. Pero más importante aún, es que, escuchen bien, podemos hacernos de la polinización. Imaginen un mundo sin abejas. Sin que ninguna planta se pueda reproducir sin la ayuda de la mano humana. Visualicen un mundo en el que Monsanto sea el único capaz de producir plantas, frutos y semillas. Imaginen la enorme cantidad de dinero que todos los países tendrían que pagarnos para poder producir un poco de alimento para su población.

Los ojos desorbitados de algunos contrastaban con la cara de incredulidad de otros. Un ligero murmullo se escuchó mientras aquel hombre se volteaba hacia la ventana que da al bosque que se extiende por detrás de la enorme instalación. Comienza el otoño y los árboles ya están cambiando de color.

  • No se preocupen. Todo está perfectamente planeado. En realidad es muy simple. Lo único que debemos hacer es transportar en grandes aviones nuestro preciado líquido por todo el mundo. A cierta altura, lo vaciamos poco a poco y eso acabará en unos cuantos años con esa molesta plaga que hoy, sin cobrar nada, hace el trabajo que nosotros podríamos desarrollar al mismo tiempo que ellas mueren.

Más de uno se comenzó a imaginar las enormes ganancias que eso significaría. Todo el dinero del mundo estaba a sus pies. El sueño se puede convertir en realidad. Por primera vez, una empresa sería mucho más poderosa que cualquier gobierno. En esta ocasión ellos ganarían y obligarían al mundo, si es que quiere sobrevivir, a hacer lo que ellos quieran.

  • Pues bien, mis muy queridos accionistas, estoy en posibilidad de decirles que el primer vuelo despegará mañana. Nos tomará un tiempo lograr el objetivo, pero será el suficiente para desarrollar la única tecnología capaz de producir cualquier alimento que provenga de una planta. Igual será con los pastos para alimentar al ganado, como las frutas y verduras que necesita el mundo. Tampoco habrá pan sin que lleve nuestra marca. El mundo entero estará a sus pies. El dinero será nuestro. Solo nuestro.

Una hermosa rubia entraba al tiempo a la pequeña sala de juntas empujando un carrito que llevaba una bebida amarillenta en largas copas de cristal cortado que fueron repartidas entre los presentes.

  • Por favor, levanten su copa y hagan un requiem por las abejas. Ellas que se van, nosotros que nos quedamos…

Deja un comentario