Raja de lo que sea

No cabe duda, a estas alturas, que la oposición solo busca sacar raja de cualquier evento que pueda socavar la enorme popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Todo lo que dicen y hacen es producto más de una febril imaginación que de la realidad. Muchas veces se creen sus propias mentiras. Otras, por desgracia, nos afectan a todos. Lo ocurrido no solo en Veracruz sino en todo el país, es fiel reflejo de la dura realidad que enfrentamos a diario. El problema es que hoy se habla de ello como si nunca hubiera sucedido nada. Que la violencia se generó ayer. Que no hay herencia maldita. La generación espontánea de la violencia.

Raya en la obstinación tratar de convencer a quien nunca se preocupó por lo que sucedía en nuestra patria. Es un ejercicio que pinta de ociosidad nuestro tiempo, tratar de explicar que lo que hoy ocurre sí es culpa de, cuando menos, 36 años de malos manejos, impunidad rampante y corrupción. No vivíamos en el paraíso que tratan de vender en la oposición. Esa es su creencia, no nuestra vida cotidiana.

Ese paraíso se perdió hace tanto, que no solo no son capaces de recordarlo. Las nuevas generaciones deben volver a disfrutar ese México que, si bien no era del todo perfecto, era un lugar donde podíamos pasear de noche. Podíamos ir a un pueblo sin nombre, perdido en la inmensidad del territorio y regresar sanos y salvos. Hoy eso parece un sueño.

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Falta lo peor

No es fácil la tarea que se tiene por delante. No debemos olvidar que se prometió comenzar a pacificar al país en tres años. Hoy suenan como una eternidad, porque los cambios sociales son sumamente lentos. Nos tardamos 36 años en entender que eran solo discursos aquellos que nos prometían el paraíso en la tierra o parecernos a tal cual país. Ningún presidente cumplió nada. Nunca. Al menos no al pueblo. Hoy hay uno que de verdad lo hace y, ¿sucede que eso no está bien? Por eso perdieron.

Hoy les duele y les retuerce el hígado ver que el dinero sigue fluyendo, pero no a sus manos. A los que hoy reclaman renuncias ridículas no les queda el papel de víctimas. Siempre fueron los victimarios. Y no, no vale la pena recalcarlo. Todos sabemos quiénes son y cómo llegaron a donde están. Sabemos perfectamente por qué aparecen en las listas de revistas para multimillonarios.

Es importante conocer de dónde venimos. La historia de los pueblos es así y siempre lo ha sido. Unos que quieren controlarnos a todos los demás y se aferran a ello. Este no es un gobierno que le guste al capital. De verdad ven muy mal que se le entregue dinero a los pobres. Simplemente a ellos no les importa robarselo. Lo creen propio.

Somos más los buenos y lo tenemos que seguir demostrando. Las redes sociales son una forma. Aunque lo mejor es salir a la calle y hablar con las personas. Debemos, es mi opinión, incluso hacer marchas. Tal vez ya no contra gobierno alguno, sino para pedir paz. Quizá hasta se pueda pedir, marchando, que se encarcele a quienes nos pusieron en esta situación tan terrible y que duele cada vez más. Quien quita y nos ahorramos la consulta.

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