¿Out con el outsourcing?

Recientemente ha sido aprobada en la cámara de diputados la reforma laboral. Aunque solo toca a las empresas privadas, es un avance en sí misma. Se permite, entre otras cosas, la libertad sindical, es decir, los trabajadores pueden afiliarse al sindicato de su preferencia. También toca las cuotas sindicales, que eran retenidas por el patrón, estando o no de acuerdo. La revisión de los contratos colectivos de trabajo obligatoria y en conjunto con la base trabajadora. También la renovación de las dirigencias sindicales en urnas, de otra forma, se instaura el voto libre y secreto en los sindicatos a la hora de elegir dirigentes. Entre otras cosas.

Por supuesto que todo lo anterior requerirá de los trabajadores una madurez que no se tenía. Vigilar a sus dirigentes de forma que siempre vean por los intereses de los trabajadores y no la propia. Acabar con el charrismo sindical dependerá exclusivamente de ellos. Estará en sus manos evitar el quítate tú porque voy yo. Acabar con el negocio que significa ser líder cuasi vitalicio de un sindicato, será la lucha que deberán emprender los trabajadores. Que llegue la democracia será difícil y a veces tendrá tropiezos, pero la semilla está plantada. Habrá que esperar a que madure.

Esto viene a colación, porque en la reforma no se plantea, es más, ni siquiera se toca el flagelo de las empresas conocidas como outsourcing, en buen español, subcontratistas. Aquellas empresas que se dedican a hacer contratos leoninos con las empresas en detrimento de los trabajadores. Muchas de ellas hacen verdaderos malabares para no pagar impuestos o prestaciones. La mayoría de los trabajadores contratados de esta forma ganan, en el papel, dos o tres salarios mínimos. Cuando en realidad les pagan, “por fuera”, cinco, seis o más salarios.

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El detrimento para los trabajadores que se contratan vía outsourcing es que cualquier gasto corre por su cuenta. Sean servicios médicos o de retiro. Algo que pocos piensan es en el futuro, pues con un sueldo real alto, pero firmado por poco, si el trabajador no ahorra para él, no tendrá un retiro digno. No hablemos de jubilación, pues los contratos son anuales, a veces son menores, para evitar la antigüedad.

Muchos claman, con mucha razón, que se debería acabar con las empresas outsourcing. La forma en la que trabajan es deleznable, cierto es. El problema es que si se prohíben o se regulan en favor de los trabajadores, éstas cerrarán sin ningún remordimiento. Lo primero que sucederá es que miles de trabajadores quedarán en la calle. Las empresas no los contratarán con los sueldos que tienen, sino con lo que dice el contrato. A ellos les importa el dinero, no el capital humano. Menos, todavía, el talento.

El problema tendrá que llegará más pronto que tarde a las autoridades laborales. Pero como en otros países, incluso los más avanzados en materia laboral, los cambios serán mínimos. Como al capital y los dueños de los medios de producción lo que quieren es dinero, las fuentes de empleo cerrarán si ven que los quieren regular. Terminan ganando las empresas en las negociaciones. Aunque es mejor que tener a miles de trabajadores en la calle. Por cierto, la reforma laboral no impide que los trabajadores de outsourcing no puedan generar un sindicato. Veremos quién es el mejor negociador, el gobierno, los trabajadores o las empresas.

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