Nuestra negra felicidad

La relación con la gasolina ha sido sui géneris en el México surrealista de Buñuel, pareciera apenas un sueño el tormento que vivimos hace 14 meses durante la contracción de su oferta como resultado del combate al huachicol, muchos de nosotros pernoctamos en gasolinerias para poder
acceder a 10 litros del hidrocarburo. Hoy en día nos encontramos con otro suceso sin precedentes en nuestro país, la disminución del 23% aproximadamente del precio al consumidor, como resultado
de la pandemia COVID-19.


Los precios del crudo han disminuido a nivel mundial, los principales cárteles del petróleo (Brent, West Texas Intermediate) que antes luchaban por mantener el control de la oferta para mantenerse como líderes de mercado, se enfrentan actualmente a la disminución de la demanda provocada por la mayor pandemia en la historia contemporánea de la humanidad.

Lo anterior, que pareciera ser un aspecto benéfico a los ojos de consumidor local, no lo es en términos macroeconómicos, dado que los ingresos por su exportación deben ser utilizados para subsanar compromisos sociales y de infraestructura del gobierno. Es importante recordar que las prácticas de corrupción dentro de PEMEX y la ordeña de ductos, impedían que las ganancias del petróleo llegaran a donde debían, otro factor interesante es que tampoco el precio al consumidor se había visto disminuido.

Ante este panorama, lo que nos queda es disfrutar como consumidor final la disminución del precio del oro negro, aunque nuestro vehículo esté sin ocuparse afuera de la casa con el tanque lleno, las ambulancias y camiones que distribuyen alimentos lo harán de forma más holgada. De alguna forma
podemos disfrutar la negra felicidad en este México contradictorio y lleno de matices.

@LaDolceV_

 

 

Imagen: criteriohidalgo.com

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