Nuestra negra felicidad

En los años 30, Orson Welles demostró la capacidad del cuarto poder para crear psicosis a partir de una realidad ficticia. 82 años después, el delgado hilo que separa la libertad de expresión de la manipulación de las masas sigue dando frutos, pues la gran mayoría hemos sido presa de mentiras disfrazadas de verdad o falacias construidas bajo silogismos servilistas. 

Desde esa noche del 30 de octubre de 1938 marcada por la historia de la comunicación, a nuestros días, la vorágine tecnológica ha revolucionado los medios informativos, toda persona conoce y elige libremente las opciones que le resulten más amigables para allegarse de información, -ya sea para algunos la radio o la televisión, prensa escrita, periodismo digital o para otros las redes sociales-; sin embargo, la capacidad de seleccionar el contenido real del artificial, es la misma que la de aquellos cándidos neoyorkinos persuadidos por una voz vibrante, advirtiéndoles del aterrizaje de una nave extraterrestre, a través del instrumento de telecomunicación más poderoso del siglo pasado, la radio.

De lo anterior quedan las siguientes preguntas en el aire: ¿Por qué si existe un mayor volumen de información que fluye  día con día, no va de la mano con su calidad? ¿Por qué la mayoría de la audiencia no tiene la capacidad de ejercer un criterio tanto en la selección de contenidos como en su capacidad crítica? ¿Por qué las ganancias generadas a partir de una nota falsa importan más que la ética?  Sean cual sean las respuestas nuestra capacidad de elección debe tomar un esfuerzo mayor para discernir, para explicar nuestra realidad ya sea negra o feliz. 

@LaDolceV_

 

 

Imagen: telegraph.co.uk

 

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