Ni malditas ni benditas, un negocio

Las redes sociales se han comenzado a convertir en un bastión para los opositores a los regímenes totalitarios del mundo. Baste recordar que la primavera árabe comenzó como un movimiento virtual que se hizo realidad. Así con otros movimientos sociales. Muchos comienzan su vida de la mano de un hashtag, para luego brincar al otro lado. Otros no trascienden el ciberespacio. Pero todos tienen algo en común, cuando se trata de visibilizar los problemas: están en contra del status quo que nos han heredado. Todo parece indicar que, los dueños de las empresas más importantes en cuanto a redes se refiere, no está muy de acuerdo con ello.

Los dueños del dinero son, por definición, de derecha. A ellos no les importa si sus redes son sociales o no. El único y genuino interés que detentan es el dios dinero. El que lo puede todo. Lo preocupante, no para ellos, sino para nosotros los usuarios es que, en cuanto algo puede amenazar sus ingresos, ellos tomarán cartas en el asunto.

La primavera árabe, para volver al punto, fue un éxito para la derecha internacional. No porque se quitara a jeques, imanes o cualquiera otro que, cierto es, tenían regímenes brutales donde la gente no tenía ninguna libertad. Hoy, por desgracia, la libertad que tienen en aquellos países donde se cambió al gobernante, es de morir de hambre donde mejor les plazca. La libertad para los países occidentales se reduce a comprar, según ellos, conforme a mis instintos. Aunque no hay nada de libertad en la decisión de comprar una Coca o una Pepsi.

Mucho cuenta lo que aquí se dice

Lo mismo comienza a suceder en el ciberespacio. Han reducido todo a dinero. Por otro lado, las redes, han comenzado a ser un factor decisivo a la hora de enfrentar la urna. El sentido del voto tiende a cambiar de acuerdo a lo que se lee y se dice en las redes. Pero, a ellos no les importa que se graben masacres, o que suba uno todas las comidas que se lleva a la boca. Eso está bien. Siempre y cuando la gente siga subiendo fotos, videos o frases de amor, no hay problema. Cuando ya no les gusta es cuando se utilizan las redes para educar, advertir, cuestionar o cualquier cosa que signifique generar un cambio de mentalidad en las personas.

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No se puede permanecer de brazos cruzados mientras miles de cuentas son dadas de baja por su forma de pensar. Habrá muchos que no son santos de devoción de nadie. Nada ni nadie puede estar por encima de otro. Las voces, si es que no han sobrepasado el derecho de otra persona, no deben ser acalladas bajo ningún argumento. En Twitter estamos viviendo una etapa de linchamiento en contra del movimiento social. No podemos abandonar, por cierto, la idea de que gracias a las redes sociales se alcanzó el triunfo tan anhelado el pasado primero de julio. El problema es que, muchos han seguido el camino de concientizar. Ese es el punto.

Si bien la mejor manera de comunicar lo que se piensa y se siente, dada su rapidez y alcance, son las redes sociales, no debemos soslayar que primero es el dinero y luego lo social. Las redes son el vehículo que permite la difusión rápida y sistemática de las ideas. Por otro lado también son un negocio y eso les quita lo social.

Hoy vemos con cierta incredulidad, que muchas cuentas son cerradas por algún mal comentario o por alguna denuncia. Sin embargo, otras continúan abiertas a pesar de reiteradas faltas y denuncias. Tampoco abandonar el campo de batalla es buena idea. Debemos demostrar que los buenos somos más. Podemos dejarle al mundo la gran enseñanza de que en México se piensa, primero, en el otro y que el dinero viene después. Que las redes son sociales y no monetarias. Demos la lucha para que las redes sigan siendo un espacio de debate y no un comercial.

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