Lozoya a la olla

Las peripecias del abogado Juan Collado, el mismo de la fiesta de los intocables, aquella donde cantó Julio Iglesias en la mesa de Salinas, Fernández y Romero, ha tratado de lanzar anzuelos a todos lados. Dardos envenenados han salido hacia todos lados, sin que hasta el momento hayan encontrado asidero o al menos un blanco. El problema que tienen tanto él como su cliente, ahora prófugo de la justicia, es bastante grande. Ninguno de los dichos del abogado ha sido probado y ha dado varías veces fechas que nada más no llegan, diciendo que soltará toda la verdad. Lozoya en este momento tiene solo dos caminos a elegir. Se puede mantener prófugo, tiene el dinero para hacerlo por algún tiempo. O puede convertirse en ayudante de la fiscalía para reducir e incluso conmutar su condena, con tal de entregar los documentos que ayuden a desenmarañar la cadena de la corrupción que llega, cierto es, hasta el mismo Salinas.

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