Los gatos con bots

Es un problema estructural sobre todo en Twitter. Los bots han atacado a todos los bandos. Nacieron para posicionar temas, sobre todo marcas en las redes sociales. Hacer parecer que un cierto tema, hashtag, marca o producto se inserte en las conversaciones orgánicas. Las campañas políticas no podían abstraerse del fenómeno. La operación Berlín da cuenta de ello.

No es anecdótico, en estos momentos, que la oposición, si así se puede llamar, intente hacer parecer que son objeto de un linchamiento por parte de una estructura organizada para tal fin, cada vez que hacen una crítica al presidente. Aunque en realidad son ellos los que no se han cansado de repetir las mismas mentiras una y otra vez. Los medios tradicionales de comunicación han perdido su hegemonía como facilitadores de la opinión pública. Ellos eran la opinión de todos y, en realidad, nunca lo fueron. Siempre fueron amantes del poder, mientras éste les diera jugosas prebendas vía el gasto en publicidad oficial. Cuando las redes irrumpieron en el escenario y dieron pauta a la opinión real de cada persona, ya no les gustó.

Como las redes son un negocio, siempre van a reaccionar a favor de sus intereses y no de las comunidades que las conforman. No es raro ver que ciertas cuentas sumamente belicosas sigan en pie, mientras otras, menos agresivas, por una falta cualquiera son automáticamente suspendidas. Muchas veces, estas cuentas están a favor del cambio progresista.

Los bots, entonces, juegan el papel de víctimas cuando en realidad son victimarios. Por supuesto que, cuando menos en Twitter, no van a generar de ninguna manera alguna forma de acabar con tremendo mal. Ese es el negocio. La última información que se tiene data de 2017 y habla de que al menos 48 millones de cuentas son automáticas. Estos tienden a crecer en momentos de crisis, como en la primavera árabe. También en las campañas políticas.

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Hoy, los dueños del dinero y, por ende, de las redes sociales, tratan de generar una atmósfera de supuesta división. Con ello buscan no una regulación de las redes, mucho menos de los bots, más bien de controlar la conversación. Eliminar a los líderes de opinión, influencers como se les llama, que no convivan con su forma de pensar. Posicionar su agenda y lograr que vuelva el conservadurismo que tanto dinero les dio y que se robaron sin contemplación alguna.

Estará en nosotros evitar tan oscuro destino. Los progresistas somos más y lo hemos demostrado. Hasta ahora nada más y nada menos que el 85 por ciento de nosotros estamos de acuerdo en la cuarta transformación. Pocos, cierto es, somos los que usamos las redes sociales, pero somos capaces de marcar agenda y es muy necesario que siga así. No por perder a unos cuantos soldados, debemos creer que acabó la guerra. En realidad apenas llevamos la primera batalla y la ganamos. Sigamos ese rumbo y ni todo el dinero del mundo nos podrá quitar el cambio que tanta falta hace.

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