¡Libertad!

Podré no estar de acuerdo con lo dices, pero defenderé hasta con mi vida el derecho que tienes a decirlo. Es la máxima de la libertad de expresión. Una libertad que poco a poco ha ido disminuyendo en las redes sociales. En parte ha sido un tanto culpa de nosotros mismos. En realidad muy pocos de nosotros hemos leído los términos y condiciones del contrato que firmamos, así sea en una casilla, con los proveedores de los servicios de comunicación de internet, mejor conocidos como redes sociales. Aunque por otro lado, también hay ciertos comportamientos muy sospechosos que gozan de cabal salud.

El problema es que muchos temas en internet se han vuelto tabú para los censores de las redes. Basta recordar las imágenes que han sido censuradas en Facebook porque rompen las reglas. Cuadros de desnudos o fotografías artísticas son censuradas y nadie sabe por qué. Otras más cercanas, como aquella en la que un padre da un beso a su hijo y que pareciera otra cosa, también corrió la misma suerte. La inteligencia artificial, así, no parece muy inteligente. El problema es que aprende. Peor es que quita empleos a personas de carne y hueso.

Podría ser peor

Pero así como las imágenes son censuradas, también hay personas y grupos que sufren el que se coarte su libertad de expresión. Por supuesto que sabemos que Google, Facebook y Twitter responden al gobierno de Estados Unidos y al pentágono. Sabemos que cuando se escriben ciertas palabras seremos espiados. Hay quien dice que la totalidad de los usuarios de telefonía celular han sido espiados por algún gobierno y el 90 por ciento de nosotros lo ha sido por el gobierno gringo.

Datos escalofriantes sin duda. Pero el colmo ha llegado cuando una persona puede ser considerada non grata por las redes supuestamente sociales. Llegar al grado de censurar todo aquello que signifique un respaldo a esa persona suena a libro de ciencia ficción. Pero está pasando ahora mismo. Se suponía que las redes eran el lugar para que todo mundo se expresara libremente. Sin restricciones. Había lugar para todos. Pero nada más alejado de la verdad. Las redes no son sociales en tanto la libertad de expresión es inhibida por política, religión o cualquier otro pretexto.

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Si bien es cierto que las redes en un país como el nuestro no tienen el impacto que en los países más desarrollados. También lo es que en ellas se desarrolla buena parte de la discusión pública de los temas torales. Los bandos encontrados que se desarrollan hoy día, sin ponerles motes, tienen estrategias bien definidas en las redes. Uno de esos bandos no tiene mayor influencia más que ahí, cierto es. Pero la posibilidad que tienen de tirar cualquier cuenta habla de lo mucho que le interesa a los dueños del circo conservar a sus animalitos supuestamente millonarios.

También hay vida allá afuera

La censura, pues, cuando viene de quien se supone creó las redes sociales para brindar libertad es ridícula. Obligan a los bandos no nada más a tomar posiciones, uno de ellos tendrá que tomar la difícil decisión de emigrar a otras redes. Algo que suena muy peligroso, aunque en cierto sentido natural. Cada quien podrá estar en una red, seguramente vociferando en contra de la otra. Lo que más nos debe preocupar ahora es que las redes se están decantando por quienes tuvieron una derrota amplia el año pasado.

Seguiremos estando en contra de cualquier tipo de censura a cualquier persona que la sufra. Aunque debemos recordar que la realidad está allá afuera y es donde debemos tener más influencia. A cualquiera se le quita lo influencer si tiene que tocar una puerta y hablar de frente con un desconocido. Justo es lo que se debe hacer para recuperar la libertad de decir lo que pensamos.

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