Las verdaderas cifras de la maldad

Los gobiernos anteriores siempre, siempre maquillaron las cifras de tal modo que todo era maravilloso. Nada más lejano de la verdad y de la realidad. Las cifras económicas y de homicidios son el más claro ejemplo de ello. Tanto lo uno como lo otro tienen muchas similitudes que vale la pena explicar a la luz de los hechos.

Por principio de cuentas, no es para nadie un secreto que los números que manejaban, tanto el banco de México como la secretaría de hacienda, los últimos 36 años estaban del todo erradas. Siempre se aseguraba que habría un crecimiento mayor al esperado. Cuál sería la verdad, no lo sabríamos hasta varios meses después del cierre del periodo. En este caso, normalmente en abril se sabía que la economía no creció nada. Las mejores cifras siempre rondaron el dos por ciento. Aunque casi siempre por debajo del dos.

Todo lo anterior se debía a que los dueños del dinero eran los principales beneficiarios de todo ello. Cómo puede ser posible. Simple. Mientras que la economía en su conjunto no crecía, si lo hacía la población. Cuando una población crece, necesita mayores insumos. Es decir, gasta más en su manutención. Más gente, más gasto. Aquí no importa si tienen o no dinero, de alguna forma lo tendrán que conseguir y gastar en lo que sea. Aquellos que deberían funcionar como contrapesos para que esto no se dé, estaban peor. Las calificadoras no son entes autónomos. Cobran por sus servicios a aquellos a los cuales califican. Así, logramos una deuda millonaria. De ahí que ellos, los barones monetarios, crecían sus fortunas en 20 por ciento, mientras los demás nos ahogamos en deudas.

La verdad sea oculta
Era tanta, que se ocultaba

Realmente no sabíamos

El caso de los asesinatos dolosos en el país, más o menos tiene un panorama similar. Si bien se siente que los asesinatos han aumentado, el problema ahora es que se han contabilizado correctamente este tipo de crímenes. Para empezar, el gobierno de Calderón se fue a la calle como el Borras, nunca hubo un sistema para determinar el número de muertos provocados por el supuesto crimen organizado. En el sexenio anterior la cosa no mejoró. Es más, empeoró y nos trajo escenas tan extrañas e irreales, como los camiones fúnebres.

Tal vez parece que la violencia se incrementa cada día. Lo cierto es que para poder terminar con la etapa de injusticia que estamos padeciendo, debemos comenzar con saber exactamente de qué tamaño es el problema. Eso es lo que ocurre. Amén de que los poderes fácticos, en este caso la radio, la televisión y la prensa que perdieron la mina de oro que significaba el chayote, generan la impresión de que el asunto es peor de lo que en realidad es.

Si bien economía y muerte son cosas muy similares y diferentes a la vez, también la forma de medirlas era un enjuague para decorar la realidad. Los últimos gobiernos nos fallaron, no cabe duda. El verdadero temor es que parece que las cosas estaban bien como eran y lo defienden a capa y espada. En nosotros está el no dejar que gane el desasosiego. Nadie dijo que sería fácil, por eso estamos aquí, luchando.

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