La triste y desgarradora historia de los chayotubers y la prensa desalmada

Ya lo habíamos tratado aquí, realmente las redes sociales son un termómetro de lo que sucede en la calle, en la realidad, en la sociedad. No al revés. Hay quienes creen que la realidad sucede detrás de una cámara. No somos tantos, como quisieran algunos, los que ocupamos las redes para comunicarnos. Lo que sí somos, es un reflejo de lo que sucede en el día a día en las calles del país. Podemos recoger los sentimientos de las personas de a pie, pero no somos su voz. Tampoco lo son los periódicos, revistas o televisión. Mucho menos los que escriben o hablan en estos medios. Solo un catalizador, no más. Aunque ello significa un trabajo duro y, a veces, ingrato. Hay días que nos quieren, hay otros que nos odian. Todo se mueve muy rápido en el ciberespacio. Mañana todo se olvida.

En los últimos días se ha dado un debate, estéril cierto es, acerca de la importancia de los medios tradicionales, contra los youtubers, que hoy se erigen como medios alternativos. Ni unos ni otros tienen razón. Los medios tradicionales, por un lado, cuentan con recursos para hacer muchas cosas. Conste, solo los medios, porque los reporteros hacen lo que pueden y muchas veces arriesgan el pellejo, aunque también los otros, varios han ofrendado su vida por la verdad. No se trata de discriminar ni tampoco de alabar. Cada quién hace su trabajo como debe desde el ámbito que mejor conoce. No se puede dejar de lado el hecho de que muchos canales y blogs hacen un trabajo extraordinario y muy profesional.

#Chayotubers

Ni tirios ni troyanos

Lo que en realidad molesta a muchos, me incluyo, es que algunos youtubers sienten que merecen el sol, la luna y las estrellas. Se dicen los artífices del triunfo de Morena en la pasada elección. Nada más alejado de la realidad. De ahí que se comenzó el hashtag #ChayoTubers, pues parecen más interesados en ganar a toda costa un lugar en las conferencias, que otra cosa. Se vale, claro, ellos buscan mayor audiencia. No hay nada que ocultar. Eligieron el camino difícil: buscar su propia audiencia. A mayor audiencia, mayores recursos. Simple y llanamente es un negocio. Se puede vivir de él y es válido. Lo que no se debe es hacerlo a costa de lo que millones hicieron posible, el triunfo de la 4T.

Asumirse como los libertadores de la patria dista mucho de la realidad. Las marchas, los mítines, los plantones y las campañas mismas son un recorrido muy largo. Vidas se perdieron en todo el trayecto. La oposición al modelo de gobierno existe desde que el gobierno se erigió como tal. Nada de eso se llevó a cabo gracias a los medios alternativos y, por cierto, se logró a pesar de los medios tradicionales. Las luchas no son exclusivas de unos u otros. Son del pueblo, en general, y de millones de personas, en lo particular. Amén de recordar que los medios alternativos tuvieron un auge muy reciente. Sentir que son los dueños de una victoria, es echar por tierra la historia de cuando menos 30 años, solo para llegar a donde estamos hoy.

Cada quien con su cada cual

Habrá quienes no quieran ver la televisión o leer un periódico en su vida. Habrá quienes no necesiten ver un video o leer un blog, jamás. Lo que siempre habrá será un público ávido de conocer la verdad. Los medios tradicionales deberán ajustarse a la nueva realidad. Una donde el dinero público dejará de fluir a raudales. Los medios alternativos no deben aspirar a ocupar su lugar. Solo deberán mantenerse en una línea crítica que favorezca el debate público.

En la realidad cotidiana no existe la derecha o la izquierda. Existen muchos pobres y algunos ricos. Los muchos tienen poco y entre ello es la comunicación digital. Comencemos a vislumbrar ese futuro donde cada plaza, barrio, pueblo, ranchería y comunidad del país tendrá internet. Busquemos ahí a ese nuevo público y ofrezcamos lo que otros no han querido o no han podido darle, la verdad. Ellos, los tradicionales, tendrán que hacer su tarea sino quieren perder lo poco que les queda. Nosotros, los alternativos, debemos buscar innovación e información. La disyuntiva será si tendremos que buscar reporteros y hacer notas y no, como se nos acusa, de leer las notas hechas por los tradicionales y opinar de ellas.

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