LA MUERTE TIENE PERMISO

Aquél fatídico 28 de junio de 1995 la Organización Campesina de la Sierra del Sur de Guerrero organizó una protesta en demanda de caminos, escuelas, hospitales y agua potable. Decenas de campesinos abordaron las camionetas que los llevarían hasta la cabecera municipal de Atoyac de Álvarez, en el estado de Guerrero donde se tenía prevista la concentración.

El gobierno de Rubén Figueroa Alcocer calculó que en las camionetas viajarían los dirigentes de la agrupación campesina y aprovechó para armar un operativo comandado por el secretario de Gobierno, Rubén Robles Catalán, para exterminar a las cabezas  de una de las organizaciones más combativas y rebeldes del Estado, pero la suerte quizo que ninguno de ellos abordara los vehículos de la muerte, sin embargo, sus compañeros no corrieron la misma suerte, 17 campesinos fueron masacrados en el tristemente célebre Vado de Aguas Blancas, otros más quedaron heridos. Murieron impunemente a manos de un agrupamiento de 400 policías estatales formados en dos cercos por si alguno se les escapaba, según relataría años después uno de los policías presos por la matanza.

En 1996 a un año de la masacre la organización se dio cita nuevamente en el vado de Aguas Blancas para recordar a sus compañeros caídos, presentes entre la multitud estaban algunos de los destinatarios de aquella sangrienta masacre, Ranferi Hernández, Rocío Mesino e Hilario Mesino. En un momento de confusión y dolor surgió de entre el monte, en medio de disparos al aire, un grupo de encapuchados que se dijo llamar Ejército Popular Revolucionario (EPR).

La vida de los dirigentes de la OCSS estaba marcada, su delito combatir a uno de los narco políticos más poderosos de esta país: Rubén Figueroa Alcocer, hacia quien, por cierto, apuntan las investigaciones de la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, pues hasta la fecha no se ha esclarecido la participación que tuvo en los hechos el principal esbirro de Figueroa Alcocer, el alcalde de Huitzuco de los Figueroa, Héctor Vicario Castrejón.

EL 19 de octubre del 2013 Rocío Mesino caía acribillada por 4 disparos de AK-47 en las inmediaciones de Atoyac de Álvarez. Por meses ella y sus familiares habían denunciado el constante hostigamiento de grupos paramilitares  y de policías estatales.

Finalmente, después de 22 años de constante persecución, la madrugada de este domingo 15 de octubre fue acribillado y calcinado el dirigente Ranferi Hernández Acevedo, acusado por el gobierno mexicano de ser uno de los principales dirigentes del EPR. Lo cierto es que durante años el líder social se convirtió en un personaje incómodo para el figueroismo después de su activismo a favor de esclarecer la masacre de Aguas Blancas y recientemente por su apoyo a los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.

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