Guante blanco

Parece que la supuesta invasión al rancho de Fox no fue más que un mal entendido. Pero aquello ha desencadenado algo inesperado. Nos hemos enterado que tanto Fox como Calderón tienen de nuevo protección del estado. Por supuesto que aquello ha terminado con una división dentro de uno de los bandos. Mientras unos se oponen tajantemente a la seguridad de los expresidentes, otros lo ven como un mal necesario.

El verdadero meollo del asunto es que ambos lados tienen razón. Una de las promesas de campaña fue acabar con los privilegios de la élite dorada de la burocracia. Por ejemplo, Calderón firmó, el último día de su mandato, que los guardias presidenciales cuidaran a su familia de hasta tercer grado. Un exceso. Sabemos que Fox viaja con un aparato de seguridad privado bastante importante y aún así hubo que mandar a ocho militares a cuidarlo. Es curioso, pero solo los expresidentes del PAN, los parlanchines, los supuestos opositores a la 4T, son aquellos que solicitaron protección, por lo tanto, se puede deducir que Andrés Manuel sí cumplió, les quitó los guardias y ellos fueron a solicitarlo de nuevo.

En el otro lado de la moneda nos paramos quienes no estamos de acuerdo con la medida pero que aceptamos el tenerla. No es nada difícil pensar que si algo le pasa a los dizque opositores todo el peso del poder mediático se vendría encima del gobierno. Ellos, los dueños del dinero y de los medios de comunicación, los mismos que quieren hacer creer al mundo que estábamos en el paraíso, harán lo que tengan que hacer para recuperar los negocios que hicieron al amparo del poder. No es fácil perder ganancias superiores al 20 por ciento gracias al gobierno.

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Lo que sea necesario

Mientras ellos sigan controlando las inversiones, este tipo de ataques no cesarán. Sabíamos que sería difícil. Nos enfrentamos a una realidad que no queremos ver. Nos hicieron malos con el solo propósito de tenernos distraídos mientras ellos se robaban el presupuesto a manos llenas. La impunidad galopante y la corrupción, son los signos distintivos de esa clase alta que no quiere perder eso que tanto añoran, sus privilegios.

Ellos son los enfermos de poder y de dinero. Mientras tengan dinero son felices. Cuando nosotros tengamos paz, seremos felices. Esa es la diferencia. Por ello, cabe esperar cualquier acción. Sacrificar a un peón no es raro. Ofrendar a uno de los suyos con tal de lograr su objetivo es natural. A ellos les importa el dinero no la vida.

Por eso, el que el presidente haya decidido poner guardias a los dos expresidentes panistas puede sonar a burla y a traición. Ambos salieron con mucho más dinero que con el que llegaron a la presidencia y, al menos Fox, no tiene empacho en mostrarlo. Es una cachetada con guante blanco a su insolencia y a su mitomania. La 4T no tiene enemigos, solo adversarios y si a esos los terminas cuidando ¿puedes seguir hablando mal de la cuarta transformación?

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