Es tranza

Era, sin duda, uno más en esa larga lista de agravios cometidos por los neoliberales, cuya mayor gracia era el robo descarado de los recursos de la nación. No solo no se cuidaban las formas, tampoco el fondo. Desde el salinato se vino produciendo una serie de mecanismos metalegales para permitir el despojo de los recursos que, mediante elecciones igual de fraudulentas, se hacia sin resquemor alguno.

Foto: angulo7.com.mx

Gerardo Ruiz es tranza, era una de las frases con las que nos referíamos al personaje que se fue sin pagar ante la justicia un hecho del todo abominable. En julio de 2017, en pleno apogeo y en medio de uno de los más grandes festines de saqueo de los recursos, en un episodio conocido como el socavón de Cuernavaca, se desarrolló uno de los eventos que mayor vergüenza causó a los mexicanos.

En un hoyo, el mentado socavón, una obra, esa sí faraónica de 2500 millones de pesos y, para la fecha, creciendo, de unos 8 metros de diámetro y 16 de profundidad, dos personas, padre e hijo, terminaron sus días.

En una obra de tal magnitud, uno pensaría que todos los detalles fueron cuidados en extremo, pero no. Sucede que una coladera, sí, una simple coladera fue la culpable de semejante tragedia.

Las investigaciones que se desarrollaron prácticamente le echaban la culpa al barrendero de la colonia, luego a un árbol y por último, cosa rara y extraña durante el neoliberalismo, nadie más preguntó nada. Familiares de los fallecidos recibieron una indemnización y hasta ahí quedó el problema, los diarios callaron y, bueno, la radio también. La televisión ni siquiera se enteró.

No contentos con hacer una obra que costó miles de millones de pesos que presentó una falla catastrófica en la cual perdieron la vida dos personas y que, en cualquier país del mundo, hubiera terminado con la renuncia del secretario, responsable para el caso de la construcción, todavía se dieron el lujo de gastar otros mil millones para repararlo.

Ya no hablemos de que durante su gestión en el Estado de México en la era del peñismo en ese estado, donde se cubrió de carreteras cuanto lugar estaba disponible y, por supuesto, todas y cada una de las nuevas carreteras terminaron siempre en manos de una empresa cuyo nombre ha tenido que cambiar de OHL a Aleática por los escándalos de corrupción que pesan sobre ella, que por supuesto era parte del consorcio que se robó algunos millones en el paso express de Cuernavaca, donde cobran un ojo de la cara para cruzar unos cuentos kilómetros.

Desde siempre hemos sabido que las carreteras de cuota más caras del mundo están en México. Todo gracias a la voracidad de empresarios y gobernantes que querían exprimir al pueblo hasta el último centavo.

No contentos con ello, por fortuna no le dio tiempo, el hoy finado propuso hacer un fideicomiso en el cual se depositarían todos los ingresos de las autopistas de cuota del país para pagar todas las deudas que se generaron en la construcción de carreteras que se hicieron con los conocidos contratos PP, es decir, las alianzas públicas y privadas para la construcción de obras.

Estas alianzas eran normalmente muy provechosas para los privados, pues contenían entre otras cosas una cláusula de responsabilidad que siempre era asumida por el gobierno. En otras palabras, si algo salía mal, eran siempre nuestros impuestos los que tenían que pagar y los privados podían seguir adelante sin el menor reparo. Así, el fideicomiso carretero, serviría para pagar todas esas responsabilidades que asumían sin problema. Total, son los impuestos de la gente.

Hizo y se hizo millonario al amparo del poder durante el sexenio donde la corrupción era la cara más benévola y hoy no puede quedar impune. El dinero sigue ahí, en algún lugar y se debe investigar. Aún faltan muchos peces gordos por caer y lo que se pide es que se sepa la verdad y que haya justicia.

Creo que todo se termina una vez que tu último aliento es exhalado. Que todo lo que aquí se hace, aquí mismo se paga. La enorme desgracia siempre ha sido que muchos de los que más daño hicieron terminaron sus días al lado de sus familias, en una cama cómoda y con la mejor atención que el dinero puede comprar. Este parece uno de esos casos.

Pero como no sé qué pasa después de uno de los hechos naturales más seguros de la vida, espero que Gerardo Ruiz Esparza se esté revolcando en las llamas del infierno por haber sido el culpable directo de la muerte lenta y dolorosa de dos personas inocentes, todo por su ambición desmedida y la impunidad que privó durante todo el neoliberalismo.

 

 

Foto: youtube.com

Un comentario Añadir valoración

  1. Vecino dice:

    En realidad esto sucedio por la gente cochina que tiraba basura a la barranca y al drenaje, al final el drenaje se tapó y el agua termino destruyendo los cimientos

Deja un comentario