Es nuestro aniversario

Se cumple un año del triunfo electoral de la izquierda en México. Ha sido un camino lleno de vicisitudes desde aquel hoy ya lejano 1988 cuando nos acercamos por primera vez a la victoria. Después, todo fue cuesta arriba. No solo fue el hartazgo de la gente lo que permitió el triunfo, también lo fue una lucha constante y un caminar eterno entre pueblos, comunidades y ciudades. Hoy comenzamos a ver el fruto de tanto esfuerzo.

Los que antes gobernaban, se ha convertido en una oposición sin pies ni cabeza. Los que antes hablaban bellezas del gobierno desde los medios masivos de comunicación hoy, sucede, que se quieren convertir en la voz de los que perdieron privilegios. Ya solo obedecen al dinero. Porque eso sí, los que perdieron, perdieron el poder político, pero siguen conservando el económico. 

Justo en ese orden de ideas es que nos encontramos que una parte de los poderes parece no haber entendido que el pueblo manda. Tanto los políticos y los empresarios que han perdido ese poder y que ahora tanto extrañan, son los mismos que ahora tratan por todos los medios de volver. No se cansan de mentir. Tampoco se han cansado de difamar. Mucho menos de menospreciar al pueblo que, hoy, saben que los desprecia y que ya no tienen credibilidad.

Aún así no todo es miel sobre hojuelas. Por un lado tenemos que el poder judicial, entrampado en el problema de que dejó hacer todo, robar, manipular, ser corruptos a los gobiernos pasados, tratan de salvar a como dé lugar a sus antiguos compinches. Por el otro lado están los expresidentes y exfuncionarios de todos los gobiernos corruptos de al menos cinco sexenios para atrás. Todos con enormes colas detrás. 

Es un clamor del pueblo hacer justicia. Podemos, tal vez debemos, aprovechar la coyuntura que se abre. El primero de julio en el zócalo de la Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador rendirá un primer informe de labores a un año del histórico triunfo. Por todos lados se escuchan voces pidiendo cambios en el poder judicial y cárcel para los corruptos del pasado. Sabemos bien cuál es la postura presidencial.

Aunque también sabemos que este gobierno escucha. Que es capaz de recular y de recomponer. Si hay un cambio en el poder judicial, este necesariamente deberá pasar por la cámara de senadores. Ahí se requerirá de un enorme esfuerzo, pues hacer un cambio requerirá de una reforma constitucional y, justo en este momento no se tiene mayoría. Cuando Zedillo cambió a los magistrados, también se aseguraron de que eso no volviera a pasar tan fácilmente.

Tampoco será fácil acusar a los expresidentes y a los altos funcionarios del pasado de nada. Ninguno estampó su firma en documento alguno que los ligue con los desvíos. Muchos otros delitos, incluso, han prescrito. Justo ese es el problema. El gobierno estaría empantanado tratando de fincar responsabilidades donde no las hay. Amén de que el poder judicial estará de su lado y las dos cosas no pueden ocurrir al mismo tiempo, encarcelar a corruptos del pasado y renovar el poder judicial.

Pero queda una salida. Una luz de esperanza en todo esto. El poder dimana principal y originalmente del pueblo. No basta con hacer encuestas tuiteras o poner sendos letreros en el feis. No. Lo que debemos hacer es entrar en la etapa de ciudadanos. Organizar asambleas vecinales, barriales y populares para pedir justicia y jueces justos. Debemos salir a las calles a protestar en contra de aquellos que nos hicieron y siguen haciendo tanto mal. Porque el pueblo pone y el pueblo quita. No hay poder más poderoso que un pueblo que exige, en las calles, en las redes y en cada lugar que se deje. Si nosotros queremos, lo podemos lograr.

Así que, nos vemos el primero de julio en el zócalo con mantas y carteles exigiendo lo que realmente queremos ¡JUSTICIA!

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