En el bosque de la China

Reza el dicho que por ver el árbol, perdemos el bosque. Es decir, al ver un hecho concreto muchas veces perdemos la perspectiva de lo que sucede al rededor o, peor todavía, perdemos el contexto y con ello parte fundamental de lo ocurrido.

En estas fechas es muy común que recibamos noticias de personas allegadas, la gran mayoría de las veces, que laboran cerca o en la zona donde se desarrollan eventos que nos tienen en vilo a todos. En este caso, los hospitales y la pandemia que hoy nos tiene metidos en casa a muchos.

Con toda la buena intención del mundo, nos avisan, nos informan y nos tienen al tanto del acontecer del día a día en algún hospital, clínica o centro de salud donde los problemas se ven a flor de piel y hasta nos horrorizan con historias y anécdotas de lo que ven y, muchas veces, de lo que dicen que les dijeron.

En este caso, es fácil perder la perspectiva de lo que realmente sucede. Por supuesto, incluso para el personal que labora en hospitales, clínicas y demás, ha de ser impactante ver que de pronto cien o más personas lleguen con síntomas idénticos y que, por desgracia, requieran algo más que un analgésico y una palmadita para sentirse mejor.

La perspectiva en este caso se pierde, pues debemos pensar que un hospital, por muy grande que sea, tiene una capacidad determinada y esta se puede ver rebasada fácilmente por un número elevado de pacientes, cierto es, empero la pregunta es ¿cuántos son muchos?

Digamos que un hospital, podría ser un gran ejemplo el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), en la Ciudad de México. Pues bien, el INER tiene una capacidad de 218 camas para atender la crisis actual de salud. Supongamos ahora que llegan 500 personas con síntomas de Coronavirus y, como es obvio, no hay forma de atenderles.

Para un médico, desde dentro del propio hospital, vería esto como un problema grave, donde muchos de ellos son atendidos en los pisos y cualquier espacio utilizable para tener en observación en lo que se desocupa un espacio o se encuentra un lugar en otro hospital. El problema radica en la perspectiva que se tiene del hecho. Se ve el árbol, pero se pierde el bosque.

No se minimiza el hecho, tener 500 enfermos, muchos más, al mismo tiempo es tan atípico para nosotros como para quienes, en este momento, están en la primera línea de batalla. Pero la perspectiva es otra. En una ciudad con seis millones de habitantes, tener no 500, ni siquiera 1000 o hasta 100 mil casos de una enfermedad es terrible, claro, no hay capacidad de atender, pero por otro lado, incluso 100 mil casos representan una muy pequeña porción de los ciudadanos.

Sin confundir, cierto es que la pandemia es terrible. También es cierto que hay casos de la enfermedad en todos los rangos de edad y clases sociales, pero eso se ve en la linea de batalla, o de defensa como quiera verse, como un terrible problema. Un poco fuera de esa línea, para muchos, la vida continuará sin ningún cambio significativo y el haber conocido un caso cercano sería una casualidad. Más bien, el saber de alguien infectado es la plática cotidiana de que le paso al hijo del amigo del vecino.

 

 

Foto: CNN.com

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