#ElPuebloBueno

¿Somos más los buenos? Sí, lo somos. El problema es que un día sí y el otro también los textoservisores, si se me permite el uso del término, no nada más quienes escriben en los periódicos, también en radio y en televisión, se empeñan en decir que el pueblo no es bueno y tienen razón, porque ellos también son pueblo y no se han cansado de recibir dinero que no es suyo. Practican cotidianamente una forma perversa de corrupción. Reciben dinero para hablar bien o mal de algo, sin pensar, sin analizar, sin cuestionar. Así nació el peligro para México, un peligro que vimos constantemente durante 18 años, aunque al que calificaban así no era el que estaba en el gobierno.

Pero fuera de lo que sucede en los medios de comunicación en la realidad existe un problema mucho mayor al que podemos ver. ¿Cómo es que llegamos adonde llegamos? La respuesta no es fácil, pues es una combinación de factores la que nos trajo aquí. Uno de esos factores es la impunidad que se ha venido ejerciendo para agudizar la crisis que hoy vivimos. No es difícil saber por qué.

Por principio de cuentas está la enorme impunidad que se vive en el país. Basta con saber que el 99 por ciento de los delitos que se comenten en el país quedan sin castigo. ¡El 99 por ciento! Eso quiere decir que quien comenta un delito prácticamente estará libre para cometer al menos otros 98 sin que nada le pase. Con estos números y gracias al individualismo propiciado por el sistema económico, cualquiera que delinca lo hará una vez más y cada vez será más arriesgado, querrá más dinero por cada robo o será capaz de matar a quien no se deje, como ha pasado ante el horror de las personas que pasan por ahí.

Todo esto se ha inducido desde el poder político. ¿Quién de nosotros no sabe que ir a denunciar un delito es perder el tiempo? ¿Quién no ha escuchado a una autoridad pedir a los familiares que antes de 48 horas no se busca a nadie porque no es considerada una desaparición, cuando en ningún lugar la ley dice ello? ¿Quién no ha pasado horas en un ministerio público tratando de ser atendido y deslizando un billete para lograrlo? ¿Quién no ha escuchado a la autoridad pidiendo a los ciudadanos proteger mejor sus casas? Todo esto también es una forma de corrupción, aun así, hay quienes ya no quieren que se hable de la corrupción, que hay que cambiar de villano y sí, los villanos son corruptos de carne y hueso y tienen nombre, desde el innombrable hasta Peña. Todos ellos corruptos que prefirieron dejar que todos hiciéramos lo que queríamos con tal de que ellos hicieran lo que quisieron.

Si bien es solo una de tantas aristas, también es cierto que los feminicidios, los infanticidios y los homicidios en general han venido creciendo a la sombra de un inoperante sistema de justicia, amén de los demás delitos. Las mismas empresas tienen dobles contabilidades, una para ellos y otra para el IMSS. La gran mayoría tienen diablitos para no pagar la luz, las que no, le venden sus excedentes a fuerza a la CFE y la cobran como quieren. Hacen contratos con el gobierno absolutamente leoninos, muchas empresas pertenecen a connotados políticos y expolíticos que se han hecho ricos al amparo del poder. Hay muchos que con información privilegiada hacen grandes negocios, por ejemplo, los notarios, pero otros tantos también. El ejemplo más devastador del uso de información privilegiada es el huachicol, pues cuando los presidentes municipales y gobernadores tuvieron acceso a los planos de los ductos de PEMEX, incluso se permitieron que se pusieran bodegas encima de estos. Un robo oculto a la vista de todos. Todo lo anterior sin que existiera un solo detenido. Y hay quien dice que la corrupción no mata, como en el caso de Tlahuelilpan en Hidalgo.

Arreglar lo que durante 36 años se descompuso, se obligó a descomponerse, será una tarea titánica. La reflexión, el pensar y el repensar en soluciones será un buen ejercicio, empero lo que se requiere es una urgencia. Paradójicamente cualquier cosa que se haga para disminuir la delincuencia común será un detonante para incrementar los delitos. Me explico. Al momento en que se comienza a detener la causa de un delito, pongamos aquí de nuevo al huachicol, provocará que, como existe menos para los que se dedican a extraer hidrocarburos de los ductos, pues se peleen por la plaza, por decirlo de alguna forma. Cada vez habrá menos tomas clandestinas y los grupos se atacarán mutuamente por ellas, aumentando el número de asesinatos. Así con cualquier otra cosa.

Justo lo que hace hoy el gobierno es lo correcto. Se comienza por redistribuir el presupuesto y que llegue a los lugares adecuados, a la gente, al pueblo bueno. Sin embargo, esto tomará algún tiempo en hacer efecto y muchos ya estamos aterrorizados con lo que sucede a nuestro alrededor. Pero no puede haber mejor camino. Hay que dar oportunidades a todos antes que irse de lleno en contra de los criminales, aquello solo puede terminar en una masacre.

Lo que urge, eso sí, es que todos comencemos a creer que somos buenos, lo somos. Que hayan destruido a todas las instituciones con tal de hacerse millonarios, que hayan hecho desechables a todos los ciudadanos con tal de hacer negocios, que hayan vendido hasta el último pedazo de tierra para que unos cuantos disfruten lo que es de todos, el agua, la tierra, los árboles, las banquetas, que hayan dejado sin recursos a la salud, a la seguridad, a los programas sociales, a PEMEX, a CFE, el que tengan las manos manchadas de sangre y se crean inmunes y sigan impunes. Todo esto tiene que llegar a su fin y no porque el gobierno lo diga y lo haga hoy, sino porque el pueblo bueno tiene que tomar el papel que le corresponde y que se resume en el artículo 39 de nuestra Constitución: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

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  1. Eugenio Franco Maass dice:

    La teoría de la bondad universal es muy interesante, sobre todo en un mundo raro, en el que se piensa que las virtudes se pueden transferir por decreto presidencial. La realidad es que, ni somos buenos por naturaleza, ni tenemos una maldad congénita generalizada. Ya desde los primeros filósofos conocidos se habló de la lucha y del equilibrio de los contrarios: El bien y el mal.

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