El regreso de la venganza de la derecha

Ejemplos del regreso de lo más rancio de la derecha hay por todo el mundo y en todas las épocas. Tras la revolución francesa, tan solo diez años después de la conquista de la revolución, los burgueses más ricos de Francia llegaron al consenso de poner a un hombre fuerte que enarbolara sus deseos de paz a costa de la felicidad del pueblo, así nació el imperio napoleónico. En México, la denominada república restaurada, solo de 1867 a 1876. Inmediatamente después llegó un dictador, el porfiriato le llamamos. En Alemania, la república de Weimar tuvo su desenlace con el ascenso de Hitler al poder, lo que terminó con 15 años de una democracia que no se terminó de gestar, entre 1919 a 1933.

En América Latina, ya en los tiempos modernos, los cambios a la derecha normalmente fueron acompañados de injerencia gringa. Todos acompañados de muerte y dolor que sigue hasta nuestros días. Así, por ejemplo, Bolsonaro, haciendo valer la corrupción en el sistema de justicia brasileño, metió a la cárcel al único adversario real que tenía. Llegó al poder y de inmediato comenzó a quitar libertades.

Una buena cantidad de hechos históricos nos traen a la época que estamos viviendo en México. El cambio de régimen que el nuevo gobierno ha planteado puede tomar más o menos diez años. Los frutos de este cambio se podrán comenzar a recoger muy pronto, pues el cambio es notorio ya a solo cinco meses. La paz, tan anhelada, se debe empezar a ver en este mismo año. Asimismo, los programas sociales, tendrán un tiempo corto de maduración, pues de lo que hoy se trata es que los recursos lleguen a quien de verdad los necesita y no solo a los bolsillos de los funcionarios. Eso será el cambio más significativo.

El que busca, encuentra

Cierto es que, en buena medida, el hartazgo de la población ante las vejaciones sufridas durante un largo periodo, culminaron una derrota largamente anunciada del sistema. Desde 1988 sabíamos que podíamos ganar por la buena. Una victoria y un cambio pacifico se podrán observar en los libros de historia en las generaciones por venir. El problema real aquí es consolidar el triunfo.

La derecha, los conservadores, la oposición o el nombre que se le dé, más temprano que tarde encontrarán al vocero que los aglutine. Por ahora no hay nombres o personajes reales que no estén absolutamente manchados con lo errores y horrores del pasado. Casi cualquier voz está desacreditada. Tendrá que llegar alguien nuevo. La búsqueda está en marcha, eso no cabe la menor duda. Así, lo que hoy parece una oposición chiquita, tendrá la oportunidad de crecer al amparo del dinero que es su principal aliado. Lo que hoy sufren es que tener mucho dinero es sinónimo de corrupción. Es cierto, muchos de ellos ganaron ingentes cantidades de dólares y pesos al amparo del poder y siguen siendo respetables hombres y mujeres de negocios. Terrible realidad. Pero no vale de nada.

El regreso de la derecha a las calles

Pues bien, con ese dinero podrán seguir controlando a los medios de comunicación. Las redes también terminarán sucumbiendo ante la enorme cantidad de bots que puede comprar la derecha. La batalla apenas comienza. Pero, por ahora, esa lucha es entre dos bandos, los que apoyan la 4T y quienes la defenestran. Aquí lo importante es que, quienes apoyamos el cambio real, debemos ser los más férreos críticos del gobierno. Más aún, debemos ser corresponsables de quién será el sucesor presidencial. Si regresamos a la historia, siempre ha vuelto la derecha por algún pequeño error cometido por el gobierno.

A ellos no les importa mentir o tratarnos de tontos. A ellos no les importa sacrificar vidas. El detalle es que los gobiernos de izquierda, progresistas, siempre se basan en la libertad de expresión, así que los conservadores siempre pueden expresarse libremente y, por desgracia, conseguir adeptos debido a su discurso tramposo que siempre habla de libertad. Libertad que, una vez que alcanzan su objetivo, es eliminada de golpe y porrazo.

Cuidar casi al extremo al gobierno es parte de la democracia. No solo los elegimos para gobernar, los elegimos para que se haga la voluntad del pueblo. ¿Qué clase de jefe seríamos si no estamos para nuestro gobierno cuando hace algo mal? Evitar el regreso de la derecha más rancia, como hoy se pretende, deberá ser nuestra prioridad, pues perderíamos todo lo ganado hasta ahora. Paradójicamente, no es el apoyo incondicional sino solo la critica real y constructiva la que nos puede evitar ese futuro negro que sigue en el horizonte.

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