El mesías capital

El mismo que no ha dejado de repetir una y otra vez que quien hoy ocupa la silla presidencial es el mesías. Nos sorrajó hasta el cansancio el peligro para México. Que el estado natural de las cosas es el de empresarios ricos y pueblo pobre que pague por sus lujos. Ese que hoy sabemos solo firma, como suyo, el trabajo de alguien más. Seguramente le regatea el precio y no paga lo que debe ser. Cae el primero, pero no cualquiera, es un pilar y no supo de dónde vino su desgracia. Igual que los demás, pensaron que el dinero era todo lo que importaba. El error fue creerlo.

Cayó por su propia pluma. Acabó de caer porque nunca entendió cuál fue el cambio. Se hunde la primera pieza de ese entramado llamado sistema neoliberal. Sirvió bien a sus amos, a los dueños del dinero. Su autoridad era indispensable para continuar con la desinformación y el desencanto. La política se autoflagelaba para no ser interesante a los ciudadanos. Esos ciudadanos que, cuando alguien protestaba, le decía sin titubeos: ¿para qué protestas, si siempre hacen lo que quieren? Su trabajo no era engrandecer, era empequeñecer a la clase política toda, siempre hablando muy bien de la mano que les dio de comer. Así de extraño.

El mesías capital

Cuando se pierde, se pierde

No debe ser fácil, seguramente para nadie, haber sido considerado como un gran historiador e intelectual y verse convertido en nada. Ya no es referente. Clío y su historia terminarán en un baúl. Su otro gran aliado, televisa, sigue el mismo camino. Lo que sorprende, en realidad, es que siguen sin entender que no entienden. Peor, no entienden qué no entienden. Han caído a lo más bajo y, parece ser, ni el suelo los detiene. Hoy se dicen perseguidos y ni saben qué es eso realmente.

Veremos, a la velocidad con que se dan los sucesos, cómo el antiguo régimen se desmorona. Mientras eso pasa, alguien tendrá que ocupar los espacios vacíos. Estoy seguro que Monsiváis estará retosando en donde esté. Tal vez un poco celoso porque no es él quien ocupara ese lugar, hoy por hoy vacante. El puesto de intelectual no es fácil ni simple. Quien lo ocupe deberá tener los tamaños, pues hoy ya sabemos que pueden caer y, cuando lo hacen, caen al fondo.

El único problema, si así se quiere ver, es que cada régimen crea sus propios ídolos. Habrá que tener cuidado. Muchos querrán ese sitio de honor. Muchos pelearán por él. Uno solo será el ganador. ¿Quién? ¿Qué ofrece? ¿Tiene lo necesario? Esas preguntas solo el tiempo los podrá contestar. Solo resta hacer una crónica de lo sucedido lo más apegada a la realidad y que la historia juzgue si hicimos o no, una buena elección.

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