El Caldero del Diablo

En nuestro país la política se ha convertido en un laboratorio donde avezados y principiantes hacen sus más disímbolos experimentos. Los fenómenos más extraños pueden surgir de las entrañas de esa especie de Caldero del Diablo en el que se ha convertido la política, combinaciones ideológicas nunca imaginables, estrategias perversas para denostar a los adversarios políticos más aventajados y hasta el uso de las instituciones de manera facciosa para fabricar baños lodosos contra los enemigos del sistema.

Esta mezcla viscosa y altamente tóxica que emana del Caldero del Diablo encuentra su mejor caja de resonancia en las Redes Sociales donde se esparce, se multiplica, se diluye y muere. Ante este escenario se ve complicado enfrentarse al sistema con tan sólo un racimo de buenas intenciones y discursos encendidos. Se requiere combatir al mal con su misma esencia, como dice un dicho popular “para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”.

Así lo entendió el aspirante presidencial Andrés Manuel López Obrador después de dos intentos infructuosos por desarticular a la mafia del poder con métodos convencionales y es que  para bien o para mal, parafraseando al prócer cubano, José Martí, el dirigente de Morena vivió en el monstruo y conoció sus entrañas. En su tercer intento sabe que no puede volver a fallar, no le queda más tiempo ni ganas. El tiro tiene que ser de precisión, tendrá que arrancar la cabeza del monstruo de un solo tajo.

Para lograr tal proeza prepara un brebaje tóxico en su Caldero del Diablo, un hechizo que contrarreste las fuerzas y trucos sucios del sistema, el tabasqueño se ha dado a la tarea de conjuntar en un solo cuenco a ultraderechistas y ultra izquierdistas, tercos y moderados, incluso a varios que se pensaba se ubicaban entre sus peores enemigos. Sin duda este caldo tóxico provocará la corrosión del andamiaje sistémico, es como la réplica del meteorito que propició la extinción de los dinosaurios, sólo que esta vez se trata del viejo PRI y sus aliados.

A medida que pasa el tiempo el caldo se vuelve más espeso y pestilente, los de la mafia del poder alcanzan a percibir sus fétidos efluvios y más de uno comienzan a empacar sus maletas. Sin embargo, la toxicidad también alcanza a los propios, pues no pocos morenistas han manifestado su espanto de lo que ahí se cocina y con justa razón, pues al final el veneno terminará por alcanzarlos, Morena tendrá que pagar un alto costo por la democratización del país.

Una vez conseguido el objetivo de sacar de los pinos a la mafia de Atlacomulco, Andrés Manuel López Obrador tendrá poco tiempo para implantar un nuevo modelo de país, habrá muchas cosas que corregir y otras que tendrán que nacer para desmantelar esa red de complicidades y corruptelas que no permiten a México avanzar hacia un modelo social y económico más justo.

Mientras tanto al seno de Morena se iniciará una lucha interna por sanear a un partido que seguramente quedará mal herido y maltrecho después de tan histórica batalla, desconocemos si logrará sobrevivir, eso dependerá de sus liderazgos emergentes y de su capacidad de enderezar el rumbo de la militancia, en pocas palabras, de la habilidad que demuestren para evitar que el veneno insuflado llegue hasta el corazón y termine por darle muerte.

En cualquiera de los casos el sacrificio seguramente habrá valido la pena, aunque no pocos compartan esta estrategia. Sin embargo, hoy por hoy no existe una propuesta alternativa para derrocar al sistema y la mafia que lo encabeza, muchos de los que lo han intentado desde las múltiples trincheras sociales hoy ponen sus armas al servicio de este raro experimento y ponen a temblar al señor de los Pinos.

¿Nacerá una nueva Patria? Sin duda, los alcances de la transformación está por verse, lo cierto es que está vía mediática y tóxica por la que ahora transitamos es mil veces mejor que cualquiera que nos conduzca al derramamiento de sangre inocente. Sólo habrá que esperar el coletazo del monstruo y sus fétidos misiles.

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