De los tres que yo tenía

De los tres poderes de la unión, dos caen sobre el influjo de las elecciones. El poder ejecutivo, que recae en el presidente de la república. Para el caso, los gobernadores y los presidentes municipales entran en la misma categoría. Y el poder legislativo, que lo integran senadores, que representan a los estados, y lo diputados, que representan a un sector de la sociedad dividido en distritos; así como los diputados locales. El tercer poder lo integran los magistrados y jueces que, entre otras cosas vigilan la actuación de los otros dos poderes.

En esencia, los tres poderes se deben vigilar el uno al otro. A debe rendir cuentas a B. B le debe rendir cuentas a C. C rinde cuentas a A. O al menos así es como se supone que debería ser. Durante un siglo, buena parte del XX y casi todo lo que llevamos del XXI esto no fue así. El poder político se concentraba en el presidente y de ahí que se le conociera como el poder de los poderes. Del ejecutivo emanaban las leyes y las reformas constitucionales que eran votadas sin chistar en el legislativo. El poder judicial avalaba las leyes, sin importar a quién perjudicaban y, así, el círculo se completaba.

En el cambio de régimen por el que atravesamos hoy día, esto se acabó. Se respeta la autonomía del poder legislativo y se aprueban leyes en beneficio de la mayoría. Si alguna decisión del ejecutivo afecta a un sector de la población, este recula y se enfila en una dirección distinta. Pero el poder judicial ha dado pocas muestras de cambio. Un par de jueces han sido cesados por actos de corrupción. Sin embargo, al más puro estilo de los gobiernos anteriores, no ha pasado de un espectáculo y ya. Las acciones no han seguido. Además, habría que agregar, que los jueces se convirtieron en sus propios jueces al ampararse en contra de la ley federal de remuneraciones. Esa en la cual están impedidos todos los funcionarios públicos a ganar más que el presidente. Cabe recordar que esa ley está vigente en el texto constitucional desde 2009.

Pues bien, además de los magistrados y jueces, varios otros funcionarios de organismos autónomos se ampararon. Claro está, los jueces les concedieron las canonjías, pues las suyas propias estaban en juego. Por supuesto que no lo puedo asegurar, pero la muy fraudulenta elección en Puebla pudo haber tenido algo que ver. Justo en el momento que se desarrollaba la disputa por la ley de remuneraciones, también se dirimía la gubernatura poblana. Tal vez estoy siendo conspiranoico pero pudiera ser que los legisladores de oposición hayan cambiado los mega sueldos por la entidad que, hoy sucede, está en disputa nuevamente.

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Pero me desvío del tema. No cabe duda que todos los poderes estaban cundidos de corrupción. Tampoco hay que ser tan ingenuos pensando que la enfermedad se curó con el simple hecho de haber votado. Todo está tan sucio y hay tanto que limpiar que, seguramente, pasarán años antes de poder ver un cambio significativo. Seguramente el borrón y cuenta nueva tiene que ver con eso.

Un ejemplo que ya habíamos comentado antes, es el de la enfermera que les inyectó agua a los niños con cáncer. Aquí no cabe el que estaba buscando salvar su trabajo, era su obligación denunciar tremenda práctica. Pero, aún así, la entiendo. Todos estos rufianes se aprovecharon de la gente más necesitada de este país y no les importó un pepino.

El mirar hacia adelante, propuesto por el presidente López Obrador, también lleva a esos abusadores como destinatarios. El que haga, de ahora en adelante, una tropelía va a terminar sus días en la cárcel. Esperemos que esto sea suficiente para empezar a limpiar ese poder que, hoy por hoy, deja sin castigo a los corruptos del pasado y a nosotros con pocas esperanzas. Y eso que son ellos los deben sancionar a los infractores y criminales.

Entonces, a la oposición de los tres que tenía ya nada más le queda uno y se tiene que recuperar también. Barrer las escaleras de arriba hacia abajo, porque de que están sucias todas las escaleras, lo están.

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