Al amparo del poder

Una historia que no se dió

Venimos de una época donde los negocios eran no sólo jugosos, también para los mismos. Desde el salinato, cuando el número de multimillonarios aumentó de uno a catorce, gracias a la venta, si así se puede decir, de las empresas del estado, los negocios crecieron y los empresarios también. Desde entonces tenemos una desigualdad grosera en el país.

Lo que es cierto es que tanto políticos como empresarios favorecidos han terminado por aumentar sus ingresos desproporcionadamente. Por otro lado, eso no ha permitido que tengamos un abanico de empresas que puedan ofrecer sus servicios al gobierno. Claro está que el gobierno no compra diez plumas, o cien paquetes de papel. El gobierno debe comprar grandes volúmenes de lo que sea. Más si ahora los bienes van a llegar a quien realmente lo necesita. Lo cual reduce enormemente el número de empresas capaces de soportar esos contratos.

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En estos días se ha dado a conocer que uno de los compadres del presidente, empresario, no solo ha participado, sino que también ha ganado la licitación del papel para los libros de texto que se comenzarán editar muy pronto. Para ser, también hay que parecer, reza el viejo refrán. Justo comenzaban las críticas, incluso de algunos de los defensores de la 4T, cuando el presidente anunció la cancelación del contrato.

Basta decir que así nos ha cerrado a más de uno la boca. En mi caso las letras. Las críticas eran de esperarse y, mejor todavía, la congruencia de muchos. El amiguismo, el compadrazgo y todos aquellos males que hicieron de este un país corrupto y lleno negocios turbios, parecía repetirse. Por supuesto, para allá iba al escribir estas líneas. Tengo que confesar que lo hacía mientras veía la conferencia matutina donde se dio la buena nueva. No era posible que se repitieran las prácticas de antaño. Al menos 40 años de lo mismo. Otra vez. Nadie lo iba a permitir.

Afortunadamente todo eso no pasó. La cordura cupo una vez más y la honestidad valiente sigue avanzando. Desde aquí una felicitación al presidente porque aunque sea legal puede ser inmoral y decidió, incluso, hablar con su compadre para que renuncie a su contrato. Gracias a una acertada decisión, hoy no es ni lo uno ni lo otro. Y también, gracias señor presidente por no dejar que caiga la confianza en este nuevo gobierno. Y, vaya, se tenía que decir así y se dijo.

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