Abracemos la crítica

La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autoCritica.
Octavio Paz

Basta con decir una opinión en contra. Es suficiente con hacer un mal gesto. Hacer una mala foto. Expresar el desacuerdo. Cualquier cosa y las redes sociales se convierten en un patíbulo. No hay forma, parece, que se entienda que la crítica es buena y saludable. Sobre todo la que nos es completamente adversa. Toda historia humana tiene dos caras. Todas. Nadie está exento de ello. Somos humanos y nuestra condición es la dualidad. Lo que nos hace sociables es la capacidad de ponernos límites.

Claro, hay algunas críticas informadas. Hay algunas que son mal intencionadas. Pero toda crítica, de nuevo, es buena. Hay un parangón con el fútbol, las derrotas enseñan mucho más que las victorias. Si en algún punto hay algo malo, solo la derrota nos lo puede enseñar. Solo que el problema en las redes sociales, aquí no parecen tan sociales, es que no se trata de enseñar nada. Todo se reduce a un estás mal tú, no yo. Nadie se preocupa por saber o dilucidar por qué está mal. Solo se trata de hacer sentir al otro mi poder. Ningún derecho humano es absoluto, el límite es el derecho del otro.

Cuestión de enfoques

Tal vez en buena medida es la falta de costumbre. Durante muchos años el dicenso se eliminaba. Se combatía. Se borraba detrás de nubes de gas lacrimógeno. Terminaba desaparecido. Éramos traidores de la patria cuando solo emitíamos una opinión. Eso deja huellas indelebles en el ideario social. Aunque, por cierto, las nuevas generaciones no saben lo que significa persecución. Bueno, hasta los intelectuales se dicen perseguidos políticos. No saben lo que dicen.

Abracemos la crítica
No existe la verdad absoluta

Tampoco me puedo imaginar lo que significaba ser estudiante a finales de los años 60 del siglo pasado. No me puedo hacer una idea de lo que significaba ser militante de izquierda en los 70. Hay libros que relatan la vida de un opositor en los 80. Eso era ser perseguido. Mirar siempre sobre el hombro y tener la incertidumbre clavada de si era el último día para ver el sol, debía ser paralizante. Aún así, se oponían, ejercían la crítica. Saber que hubo personas encarceladas por pegar un cartel me hiela la sangre. Esa es la historia que tenemos.

Aprender del pasado

Si en algo queremos reivindicar a aquellos que nos precedieron, debemos abrazar la crítica. Eso nos sacará del atolladero. No siempre el que hable mal de mí, quiere mi fracaso. No siempre quién habla bien de mí, quiere mi felicidad. El justo medio está ahí. Si en algo apreciamos la libertad que significan las redes, habremos de tener autocontrol.

Nada sería peor que generar leyes e instituciones que cuiden a aquellos que son acosados. Sea por bots o sea por personas de carne y hueso. Tal vez pueda sonar ridículo ahora. Quizá suene extremista. La verdad es que siempre hay que pensar en el otro y si el otro no se puede defender ante una horda de atacantes, hay que defenderlo de algún modo y esa forma es la ley. El verdadero pensamiento de izquierda empieza en el otro, no en el yo.

Seamos, pues, más concientes de lo que podemos perder y menos flemáticos al responder. No hay batalla alguna que se pierda cuando se usa la razón. No hay palabra alguna que elimine la esperanza. Hagámosle saber al mundo que podemos ser el pueblo bueno.

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